septiembre 30, 2008

Barcelona, 28 de septiembre de 2008


Barcelona, 28 de septiembre de 2008. Con esta frase escuálida y fría terminó Arcadi Espada la lectura del manifiesto en la plaza Sant Jaume de Barcelona. Con ella se daba término a la manifestación que acabó abarrotando la plaza bajo el lema: “No a la imposición lingüística en nuestras escuelas”.

Extraña frialdad para cerrar un acto y varios parlamentos encendidos y tremendos. Extraña frialdad del final del texto frente al crítico manifiesto leído por él, y de la pasión mostrada por todos los discursos de las asociaciones cívicas que le precedieron. Extraña, pero no vacía. Esa fecha, 28 de septiembre de 2008, estaba preñada de futuro y libertad. Con ella se cerraba un tiempo de silencio y sumisión al más irracional desvarío que la ingenuidad democrática de una generación de españoles no supo ver a tiempo. Y también con ella se abría el fin de esa sumisión. Hoy es posible que a la mayoría no le diga nada y, sin embargo, con ella Arcadi lo dijo todo: Somos ciudadanos de un pueblo libre en un Estado de Derecho que no estamos dispuestos a seguir consistiendo que una pandilla de traficantes de sentimientos arruinen nuestros derechos. Los nuestros y los de nuestros hijos.


Lo dijo Gloria Lagos con palabras sencillas: “…arrimaremos el hombro para que este disparate sea solo un mal recuerdo en España. No me importa si un niño ha nacido en Barcelona, en Vitoria, en Mallorca o en Orense; es un niño. Si él no puede defenderse, nosotros lo haremos en su nombre”. Gloria venía de Galicia, representaba a la asociación cívica “Galicia bilingüe”, una de las veinte y una que se había sumado a la llamada de “Ciudadanos” y al apoyo del Partido Popular y Unión Comunista de España, además de la llamada de Unión, Progreso y Democracia a secundar todos los actos en que se defiendan los derechos lingüísticos en cualquier lugar de España.

“Barcelona, 28 de septiembre de 2008” ha costado tres décadas en pronunciarla. Humillaciones e impotencias, infinitas frustraciones acumuladas a lo largo de un tiempo sórdido donde los derechos más elementales se han conculcado en la más absoluta impunidad; miserables estigmas marcados a fuego por una prensa sumisa al poder nacionalista, heridas del alma…, ciudadanos indefensos ante el acoso moral de un tiempo histórico donde los verdugos pasaban por víctimas camuflados en el último refugio de los canallas: la nación. La nación real o inventada, qué más da, nación al fin construida de exclusiones. El reverso sucio de aquella “nación de ciudadanos libres e iguales” que la Ilustración nos abrió a las democracias para acabar con el derecho divino y con todas las expropiaciones que cualquier casta, que más da, imponen en nombre de un rey, de un iluminado militar o de una lengua propia en peligro de extinción.

Ese tiempo de silencio interior que millones de ciudadanos han gestionado con dignidad o sin ella, ha costado un mundo desenmascararlo. Tres décadas, para ser más exactos. Un puñado de don nadies, con oficios, pero sin beneficios, altruistas, arriesgados, insensatos para muchos, indeseables para casi todos, han escrito con su esfuerzo cada letra de esa fecha: Barcelona, 28 de septiembre de 2008. En ella están inscritas todas las asociaciones cívicas que en el más absoluto desamparo han luchado para llenar un día la plaza de Sant Jaume de ciudadanos corrientes reivindicando uno de los derechos más elementales del ser humano: libertad para trasmitir a sus hijos la lengua que aprendieron de sus padres. No importa cuál. Porque no hay lenguas buenas ni malas. Pero si además es oficial y común a todos los españoles, amparada por la Constitución y conocida por todos, el disparate es, si cabe, aún más incomprensible.

Y no era fácil, hemos necesitado tres décadas para atrevernos a pisar la calle, a vencer el miedo, el miedo a ser señalados, excluidos, y el miedo a estar solos, abandonados al fin por todas las instituciones que habrían de defendernos.

Por eso, hoy, 28 de septiembre de 2008, es el fin del acoso y el principio de una rebelión cívica. Nada volverá a ser igual, ni un día más volveremos a consentir que se nos pisoteen nuestros derechos, ni un día más volveremos a vivir con la sensación de estar abandonados a nuestra suerte. A partir de ahora, la falsa cohesión social con que nos chantajean y sobre la que construyen la exclusión de tantos ciudadanos la exigiremos y la convertiremos en el límite de sus abusos.

No puede haber cohesión social sin igualdad de derechos: Queremos poder educar a nuestros hijos en la lengua o en las lenguas, que la libertad garantizada por la Constitución, decidamos. Y quien nos lo impida habrá de enfrentarse al espejo del racismo cultural que tantas veces en la historia se ha impuesto con mil y una disculpas: la raza, la patria, la clase social, el sexo…, o la lengua propia.

La impunidad en la que estos hacedores de patrias y exclusiones han impuesto sus privilegios, ha terminado. Ya tiene fecha: El 28 de septiembre de 2008. La plaza de Sant Jaume abarrotada de ciudadanos libres, conscientes de sus derechos, lo certifica.

Sé que arriesgo demasiado, pero también arriesgamos el 1 de noviembre de 2006 y llevamos a tres ciudadanos al Parlamento de Cataluña por idéntico empeño. Entonces la atmósfera nacionalista con la que nos asfixiaban había logrado que a la sociedad catalana le resultara inimaginable. Pero la noche electoral de El Calderón, con las cámaras de TV3 obligadas a gravar lo inadmisible, nos enseñó que nada es imposible si la empresa es justa y hay ciudadanos dispuestos a no aceptar vivir como súbditos.

La manifestación había empezado en la plaza Urquinaona a las 11 de la mañana de un domingo soleado. Banderas plurales, leyendas de libertad, rimas de colores: “Menos nación y más educación”, “¿Dónde está?, ¡no se ve!, el PSC”; y siempre “¡Libertad!, ¡libertad!, ¡Libertad”, que convertían en un callejón de ecos la bella y ancha Vía Layetana. Allí, desde Urquinaona hasta la calle Fernando, gentes corrientes, llenándolo todo, hasta los huecos de los intransigentes que convinieron finalmente en no aparecer. Ni un solo incidente. Una fiesta democrática, una mañana de sol y de paseo hacia la libertad.

A un lado el Ayuntamiento, al otro la Generalitat, un escenario en bilingüe: “No a la imposición lingüística” y un símbolo con la lengua de los Rolling Stones cortada a la mitad. La voz maravillosa del actor Toni Cantó comenzó los parlamentos en una plaza Sant Jaume llena de libertad. Valiente este chico en nación tan dada al ajuste de cuentas. Había declarado:

“Yo saldré a la calle para reivindicar la obviedad. Esa que los nacionalistas niegan. En este país se vulneran derechos fundamentales por asuntos lingüísticos y los ciudadanos deberían tener más libertad a la hora de elegir la educación de sus hijos, algo que me parece fundamental”.

Como maestro de ceremonias dio paso a varios representantes de las asociaciones cívicas de Cataluña y del resto de España. Con garra y un catalán perfecto, Irene García denunció el acoso moral a que los propios catalanoparlantes han sido sometidos en nombre del miedo a perder su cultura y su lengua: “Saben quan em vaig adonar que m’havia de convertir en una mare que s’oposava a la immersió lingüística a les nostres escoles? El dia que algú supusadament “bo” (…) em va dir que sense una immersió del nostres fills en català, la nostra llengua desapareixeria. (…) No tolero que m’amenacin (…) No era una amenaça directa, sinó una de molt astuta (…) si no “fem” això, “ens passarà” aquesta cosa. Compte!: “Ens passarà, a tots, és a dir, a tu també. Si no els imposem la immersió, desapareixerà la “teva” llengua, la “teva” cultura, en definitiva: el teu món, i desapareixeràs tu”. Irene acababa de psicoanalizar el alma miserable de quienes han amedrentado y explotado los mejores sentimientos de una ciudadanía dispuesta a defender con sinceridad la lengua catalana. Lo que no dijo Irene, pero nos lo recordó en carne propia la puericultura, Sara Burgos es que no sólo coaccionan sutilmente; cuando conviene, utilizan las represalias laborales sin miramientos. Acababa de perder el trabajo por negarse a desatender en castellano a los niños que se dirigían a ella en este idioma. Su delito había sido haberlo denunciado en “El Mundo”. El miedo guarda la viña. Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana, que había llevado al Parlamento de Cataluña la Iniciativa Legislativa Popular en defensa del castellano, lo recordó en su expresión más trágica: el secuestro y tiro a Federico Jiménez Losantos en 1981 por haber firmado el manifiesto, “Por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña”. O sea, lo mismo que hoy, pero 27 años antes.

Iñaki Ezkerra fue despiadado en su descripción: “Se llamaba Herodes a un tipo que asesinó a los niños de su reino ante el temor de que uno de ellos pudiera usurparle un día el trono. Ibarretxe y Montilla son lo que podemos llamar “Herodes pedagógicos”. Tratan de decapitar intelectualmente a las nuevas generaciones quitándoles el castellano, quitándoles el dominio perfecto de la lengua común, quitándoles las posibilidades de desarrollarse culturalmente para que no haya entre ellos quienes un día puedan relevarles en el poder y traer la libertad al País Vasco y a Cataluña”.

El representante del “Círculo Balear”, Antonio Almendros, dejó claro que la instrumentalización de la lengua ha excedido los límites de Cataluña y el País Vasco: “Hoy hemos demostrado a nuestros gobernantes que la falta de libertad lingüística es un problema nacional”. Marga Santamaría, de “La Plataforma de padres por la libertad de elección lingüística” del País Vasco, lo puso en evidencia a continuación: “Soy una madre de un niño de 8 años. Vivo (…) en Vitoria donde el 95 % de sus habitantes son castellanohablantes…” El resto ya lo conocemos. Como quiera que los niños castellanohablantes no alcanzan el nivel de euskera que la nación precisa, el Gobierno Vasco retirará la subvención a los colegios que no alcancen los niveles de euskaldunización idóneos. “Al Gobierno Vasco no le interesa si nuestros hijos adquieren conocimientos científicos, culturales, históricos o artísticos. Únicamente que aprendan y usen euskera”.

Cerró las intervenciones cívicas Elvira Fuentes, la presidenta de la Asociación por la Tolerancia que junto con la Asociación Cultural Miguel de Cervantes y CADECA, fueron los primeros movimientos cívicos que se rebelaron contra la limpieza lingüística en Cataluña. Y destacó una de las miles de contradicciones del actual Gobierno de Zapatero: “Hace unos meses, nuestra Ministra de Educación, en una visita a Andorra, alabó sus sistema de educación y dijo que los alumnos andorranos tienen: “la inmensa suerte de poder elegir entre tres sistemas educativos diferentes” y que era un orgullo para ella que puedan optar por el Sistema Educativo Español en diez centros. Pues bien, Sr. Cabrera, -inquirió Elvira como si se dirigiera a ella- eso es justamente lo que exigimos para nosotros: que los padres tengan libertad de elegir el sistema educativo que desean para sus hijos y, si así lo deciden, educarlos en castellano”.

Ya en tono festivo, Toni Cantó cerró el acto con una anécdota en directo. Abrió su móvil, y leyó un mensaje que “una buena amiga nacionalista” le había enviado la noche anterior del acto al enterarse de que había accedido a presentarlo: “Me duele que te manipulen esos cabrones. Ojalá fracase la convocatoria”. Y Toni sin inmutarse pidió a la plaza entera que posara en posición de butifarraza para enviársela a su amiga. Cosa de actores y de gente sin complejos.

Lo histórico ya lo he dicho, la fecha: Barcelona, 28 de septiembre de 2008. Su símbolo, la evidencia de que en España, quienes defendemos una nación de ciudadanos libres e iguales en deberes y derechos, y consideramos a la lengua común de todos los españoles un patrimonio constitucional que nada ni nadie puede excluir como lengua vehicular de ninguna escuela de España, hemos demostrado que juntos tenemos más fuerza que separados.

Antonio Robles

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ASOCIACIONES CÍVICAS CONVOCANTES:

Asociación por la Tolerancia, Asociación por la Igualdad de las Lenguas Oficiales, Asocolombia, Acción Cultural Miguel de Cervantes, CADECA, Círculo Balear, Ciutadans de Catalunya, Asociación de Juristas No Nacionalistas, Convivencia Cívica Catalana, Denaes, Foro de Ermua, Foro España Hoy, Fundación Concordia, Fundación España y Libertad, Galicia Bilingüe, Juventudes Liberales, Mujeres en Igualdad, Padres por la Libertad de Elección Lingüística del País Vasco, Profesores por el Bilingüismo, Unión de Guardias Civiles, Universitarios Liberal Demócratas.

septiembre 29, 2008

Barcelona, capital del bilingüismo



Vídeos de la manifestación contra la imposición lingüística celebrada ayer en Barcelona, organizada por C's y apoyada por otros 4 partidos políticos y unas 20 asociaciones cívicas de toda España.

Los vídeos han sido elaborados por compañeros de la Agrupación del Baix Llobregat Sud de Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía.

septiembre 28, 2008

Manifiesto "NO a la imposición lingüística en nuestras escuelas"


Texto leído por Arcadi Espada en la manifestación de hoy en Barcelona:

Los territorios no tienen lengua. Las lenguas son de los ciudadanos, y hace siglos que el castellano convive con las lenguas de las diferentes comunidades españolas. Esta es la realidad que molesta, que quiere liquidar el nacionalismo mediante la imposición y la coacción; vulnerando los derechos de los catalanes y del resto de españoles. En Cataluña, han convertido el catalán en el fundamento para la construcción de su nación imaginada.


La Generalitat y el resto de poderes públicos de Cataluña han establecido el catalán como lengua propia de las instituciones, despojando a los ciudadanos de sus derechos lingüísticos, e imponiéndoles devoción, lealtad y deberes para con la lengua. Sin embargo, sólo el individuo es sujeto de derechos, no las lenguas o los territorios, y las lenguas importan porque las hablan los ciudadanos. No es el ciudadano el que tiene que estar al servicio de las lenguas, sino a la inversa, posibilitando su comunicación, ampliando su espacio de libertad y facilitando su acceso a los bienes económicos, políticos y culturales de la sociedad.

La imposición lingüística que padecemos en diferentes comunidades autónomas convierte a España en el único país el mundo donde los ciudadanos no tienen derecho a estudiar en la lengua oficial del Estado. La cooficialidad de lenguas, establecida en la Constitución para las comunidades bilingües de nuestro país, debería ser una garantía de derechos y libertades lingüísticas para todos los ciudadanos, y no una lucha por parte de determinados gobiernos autonómicos para convertir las lenguas cooficiales en la única lengua oficial de la administración, de las escuelas o de los medios de comunicación de la autonomía que gobiernan.

En Cataluña se impone el catalán como única lengua vehicular sobre el castellano, en la educación y en todos los ámbitos públicos, con la pretensión de que ésta sea la única lengua social, limitando así de forma artificial el estatus del castellano, dándole el carácter de idioma extranjero y recluyéndolo a un uso privado y familiar. La Generalitat no repara en medios: desde negar el carácter catalán de la cultura hecha por catalanes en lengua castellana a exigir un innecesario dominio lingüístico de las lenguas cooficiales para acceder a determinados puestos de trabajo en la administración pública. Esto supone, sin duda, una barrera laboral que atenta contra la libertad de circulación por toda España de los trabajadores. En su afán de excluir al castellano, no han dudado en fomentar la delación mediante las oficinas de garantías lingüísticas.

A pesar de que en Cataluña el castellano y el catalán son lenguas cooficiales, el gobierno de la Generalitat, mediante el sistema de inmersión lingüística, ha impuesto el catalán como lengua exclusiva de la escuela en todos sus niveles, marginando y vetando el uso del castellano en las aulas y fuera de ellas, limitando a dos míseras horas semanales el aprendizaje de la lengua de más de la mitad de sus ciudadanos, e instruyendo a los centros públicos para que sus profesores excluyan el uso del castellano de los recreos, de las reuniones de padres, de las conversaciones entre profesores, y de los comunicados internos y externos.

El modelo obligatorio de inmersión actualmente implantado en Cataluña se sostiene en la imposición, tratando de evitar que los alumnos y sus padres puedan elegir la lengua o lenguas oficiales en las que desean cursar sus estudios. Por tanto, no sólo supone una discriminación para aquellos alumnos que desean recibir la enseñanza en la lengua oficial en toda España, sino también la discriminación de todos aquellos que quieren una enseñanza bilingüe, es decir, una enseñanza no sólo de dos lenguas sino una enseñanza en dos lenguas, donde ambas sean vehiculares y se usen en la transmisión de conocimientos. En definitiva, de todos aquellos que quieren que el catalán, pero también el castellano, sean lenguas de instrucción.

Sin duda, el proceso de imposición y sustitución lingüística promovido por el nacionalismo se acentuará y endurecerá con la aprobación de la futura Ley de Educación de Cataluña, que otorgará al Departamento de Educación de la Generalitat las competencias exclusivas para establecer los horarios de asignaturas como el castellano, blindando en un texto legal, por primera vez en toda España, la inmersión lingüística obligatoria como metodología oficial para nuestra educación. Una vez más, se burlará la Constitución, se ignorará el decreto de enseñanzas mínimas en educación primaria y se obviarán las múltiples sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que obligan a la Generalitat a ofrecer a los padres la posibilidad de elegir la lengua en que quieren educar a sus hijos. La Generalitat, con la complicidad del Gobierno central, vulnera sistemáticamente la ley, porque en Cataluña la democracia, la Constitución y la propia ley, se subordinan a la construcción de un imaginario colectivo nacional, eterno y supremo.

Frente a la obsesión identitaria y al totalitarismo lingüístico hacemos un llamamiento a la sociedad civil para que con el apoyo de los partidos constitucionalistas, revierta esta situación ilegítima, promoviendo desde las diferentes asociaciones, sindicatos, partidos y desde la propia ciudadanía una ley reguladora de la oficialidad del castellano. Hacemos un llamamiento a los ciudadanos para que demuestren al nacionalismo que enfrente tienen un movimiento cívico capaz de movilizarse, y de luchar en cada ciudad, en cada barrio y en cada colegio por sus derechos lingüísticos y por una enseñanza bilingüe, con el fin de conseguir una sociedad más abierta, con mayor igualdad de oportunidades, más justa, más próspera y más libre.

Plaza Sant Jaume, Barcelona.
28 de septiembre de 2008.

Contra la inmersión


Hoy domingo, día 28 de septiembre (a las 11 de la mañana en Plaza Urquinaona), Ciutadans y un conjunto de asociaciones cívicas han convocado en Barcelona una manifestación con el lema

“No a la imposición lingüística en nuestras escuelas”.

Es la primera vez que la sociedad civil catalana tendrá ocasión de manifestarse de una forma directa en contra de la inmersión lingüística obligatoria. Algunas personas me han expresado, alarmadas, que este tipo de actos ponen en peligro la convivencia. Sorprendido por la afirmación, paso a calmar a los inquietos y a contestar a los curiosos.

¿Por qué una manifestación?

Hace mucho tiempo que venimos denunciando que el modelo educativo catalán no funciona, entre otros aspectos, por la aplicación de la inmersión lingüística obligatoria. La nueva Ley de Educación Catalana pretende que la convivencia equilibrada del catalán y del castellano en los centros educativos no sea posible. Hasta ahora, era una práctica administrativa irregular pero a partir de la aprobación de la Ley será una norma que sólo el Tribunal Constitucional podrá derogar, eso sí, dentro de varios años.


La vuelta de tuerca ya no tendrá marcha atrás. Por lo tanto, en Cataluña, la educación bilingüe -en castellano y en catalán- y también la trilingüe, devendrán imposibles.

Los resultados del informe PISA y las conclusiones a las que ha llegado la Fundación Bofill a partir del mismo, revelan que Cataluña figura en los vagones de cola de los modelos educativos en cuanto a eficiencia y calidad. El tan cacareado sistema educativo catalán es un estrepitoso fracaso y a ello contribuye, sin ningún género de dudas, un modelo escolar que prima la educación en la “lengua nacional”, según terminología al uso de nacionalistas, a la mejor pedagogía que sostiene que los modelos de inmersión lingüística son adecuados siempre que sean aceptados voluntariamente y no impuestos.

Lo que pretendemos con la manifestación del día 28 de septiembre es que la sociedad catalana tome conciencia de que el modelo educativo actual perjudica su desarrollo económico y a una gran mayoría de alumnos, los más débiles, los aboca al fracaso escolar por las ensoñaciones totalitarias de sus gobernantes. El sistema monolingüístico es un fiasco, demos una oportunidad a la libertad de elección de lenguas en la escuela.

Invito a todos aquellos que creen que es posible una escuela más libre y más plural lingüísticamente a que acudan a la manifestación. La cohesión social se asienta, fundamentalmente, en hacer normal en los centros educativos lo que es normal en la calle y en los hogares catalanes, esto es, el bilingüismo. No tengan miedo, y colaboren a asegurar la convivencia reclamando el derecho de padres y alumnos a elegir, en libertad y sin trampas ni coacciones el régimen lingüístico escolar.

José Domingo

septiembre 27, 2008

La esquizofrenia o el oportunismo lingüístico de Comisiones Obreras

Tal como podemos leer en la noticia publicada por El País el pasado jueves, parece ser que Comisiones Obreras de Euskadi quieren ponerse ahora a la cabeza de la manifestación en la defensa de los derechos de los ciudadanos y de los profesores contra el último delirio lingüístico del Tripartito vasco: la pretensión de ir imponiendo la inmersión lingüística en vascuence en la escuela vasca. ¡Bienvenidos al club de los partidarios de los derechos ciudadanos por encima de los derechos de la tribu! ¡Ya era hora!

¿Y por qué en Euskadi sí y en el resto de las comunidades autónomas dominadas por el nacionalismo no? Bueno, eso lo tendrían que responder ellos.


Que sepamos han estado callados como mudos ante la progresiva marginación del modelo A, enseñanza en castellano con el vascuence como asignatura y, en cierto modo también del modelo B, enseñanza bilingüe, pero ahora que la consejería en manos del partido “pequeño burgués” radicalizado, Eusko Alkartasuna, se ha puesto manos a la obra para dar la vuelta de tuerca definitiva del delirio inmersor, se han despertado... y si nos fijamos bien en los argumentos, tampoco son de mucho calado.

En definitiva se oponen porque el vasco es “muy difícil” y además resulta grotesco para cualquier persona con sentido común y no borracho de nacionalismo, que una lengua hablada por una minoría de la población (que en Álava no llega al 6%, por ejemplo) vaya a convertirse en la lengua vehicular de la enseñanza. No es una cuestión de derechos ciudadanos de los trabajadores o de respeto a la legalidad bilingüe, no, es porque se han “pasao” los nacionalistas.

Pero en Cataluña y en Galicia, ni están ni se les espera y desde Ciutadans hemos de denunciarlo.

La contaminación nacionalista y etnicista de los partidos y organizaciones sociales de izquierda en España ha sido brutal: han dejado hacer, permitiendo sin denunciarlo que millones de ciudadanos y miles de profesionales de la enseñanza hayan sufrido la opresión lingüística, y mientras el nacionalismo reaccionario ha ido tomando posiciones. Ha tenido que ser el electroshock de la pretensión de Ibarretxe, Madrazo (¡de IU!) y el loco de Azkarraga, el que les haya hecho reaccionar, pero solo en Euskadi.

Mientras tanto en Cataluña, tanto Comisiones Obreras como UGT parece que continúan en su empeño de “construcción nacional” olvidándose que los sindicatos de trabajadores están para defender TODOS LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES y de la ciudadanía.

Propongo un lema para la manifestación de mañana día 28:

“DONDE ESTÁ, NO SE VE, COMISIONES NI UGT”

J.A.

septiembre 26, 2008

Miembros de UPyD asistirán a título personal a la marcha procastellano

Siguen las adhesiones a la manifestación organizada por Ciutadans-Partido de la Ciudadanía para el próximo domingo en Barcelona, bajo el lema

'NO a la imposición lingüística en nuestras escuelas'.

Ayer se unieron Convivencia Cívica, el Foro España Hoy, Juventudes Liberales y Universitarios Liberal Demócratas, estos últimos conocidos por participar en la campaña de recogida de 50.000 firmas de una iniciativa popular a favor del castellano.

Pero en ese listado [en el que ya figuraban Círculo Balear, Asociación por la Tolerancia, Galicia Bilingüe, Plataforma por la Libertad de Elección Lingüística, Asociación Cultural Miguel de Cervantes, CADECA, Profesores por el Bilingüismo, Civis Iuris, Unión de Guardias Civiles, Partido Popular, Ciudadanos de Menorca y Unificación Comunista de España] todavía se echa de menos una organización: Unión Progreso y Democracia (UPyD). Una portavoz del partido en la capital catalana aseguró ayer a este diario que sólo está asegurada la asistencia de una delegación, que lo hará en todo caso a título personal.

[Última hora: Asocolombia, UPyD y Foro de Ermua también han anunciado que apoyan la manifestación.]


Existen diferencias entre los convocantes y UPyD. Según explicaron las mismas fuentes, la coordinadora barcelonesa de la formación no ha recibido invitación alguna para sumarse a la convocatoria. Argumentan que Ciutadans únicamente dirigió una carta a su líder nacional, Rosa Díez, que por incompatibilidad de agendas excusó su ausencia y advirtió que se cursara la misma invitación a la organización barcelonesa. Eso, según UPyD, no habría sucedido y de ahí la falta de adhesión a escasos dos días de la convocatoria. En Ciutadans, en cambio, aseguraban ayer que no tienen «ninguna respuesta de la carta enviada».

Comitiva 'popular'

De esa forma, con UPyD sucederá algo similar que con lo ocurrido con el PP, que estará representado por diversos miembros del partido a título individual. En este caso, sin embargo, la formación sí que se ha adherido pese a que esta semana intentó participar en la convocatoria de la protesta, alegando su experiencia y capacidad para organizar eventos de este tipo. Fuentes del Partido Popular aseguraban que se desconoce quienes formarán parte de la comitiva que asistirá a la manifestación que recorrerá el centro de Barcelona, entre la plaza de Urquinaona y la plaza de Sant Jaume, donde se encuentran la sede de la Generalitat y del Ayuntamiento barcelonés, con competencias educativas en Cataluña a diferentes niveles.

Pese a que van creciendo los apoyos en torno a la convocatoria, la organización de la manifestación no se atrevía todavía ayer a lanzar una cifra aproximada de asistencia. El escritor y periodista Arcadi Espada será el encargado de leer el manifiesto, mientras que Toni Cantó realizará la presentación. Del actor valenciano ya es conocido su apoyo a la formación que preside Albert Rivera, ya que ha participado en algunos actos del partido, algunos de los cuales durante la última campaña de las elecciones municipales.

La protesta tiene como objetivo poner de manifiesto el hartazgo de la sociedad a niveles «insospechados» a los que ha llegado la imposición de la lengua catalana en las escuelas en detrimento del castellano, como resultado de la política de inmersión lingüística llevada a cabo por la Generalitat. Según el secretario general de Ciudadanos, Manuel García Bofill, la imposición pasa «sin miramientos por encima de los derechos de los ciudadanos».

» Artículo publicado en El Mundo

septiembre 25, 2008

Los discursos de la diada ciudadana

A continuación, los discursos completos del acto reivindicativo de C's en la Av. Josep Tarradellas de Barcelona el pasado 11 de septiembre. Intervinieron Jesús Laínz, Francesc de Carreras y Albert Rivera.





septiembre 24, 2008

La lengua propia de Cataluña


Publicamos hoy un artículo de Antonio Robles, escrito hace más de ¡12 años!, en el que ya analizaba la utilización del concepto de 'lengua propia' por los gobernantes nacionalistas y cómo le han dotado de valor jurídico para legitimar la primacía de una de las dos lenguas oficiales de los catalanes sobre la otra:




Desde que el líder independentista, Àngel Colom tuvo la extravagancia de atreverse a considerar al castellano como lengua territorial de Cataluña (Eduard Voltas, “La Guerra de la Llengua”) se ha abierto un debate subterráneo, solapado entre la realidad periodística y los estamentos políticos que promete una bocanada de aire fresco en esta sociedad tutelada. Pero aún no ha llegado a la superficie; y lo que de ella ha emergido sale viciado: se considera una patología lingüística lo que sólo es una realidad lingüística. Problemática, sí, pero tan sana como la pluralidad ideológica. La responsabilidad de este error interesado no nace de las declaraciones de Colom, son una consecuencia de la ambigüedad calculada que sobre el particular impusieron los nacionalistas en el Estatuto.


Dice así el artículo 3 del Estatuto de Cataluña en su apartado 2º: “El idioma catalán es el oficial de Cataluña, así como también lo es el castellano, oficial en todo el Estado Español“. Un experto en sintaxis, seguramente lo hubiera simplificado así: “En Cataluña hay dos idiomas oficiales, catalán y castellano”. Se dice lo mismo, con menos palabras y mucho más claro. Aunque esto último era lo que a lo peor se quería evitar, a juzgar por el equívoco que ya se había introducido en el apartado 1º del mismo artículo 3: “La lengua propia de Cataluña es el Catalán“. En este caso, un experto en Derecho Constitucional tendría motivos más que suficientes para preguntarse por qué los legisladores se empeñaron en hacer antropología lingüística en medio de un texto jurídico.

En un principio, la inclusión en el Estatuto de Cataluña del concepto de “lengua propia” pretendía especificar el estatus histórico que la lengua catalana poseía en Cataluña. Es decir, se hacía mención a que tal lengua era autóctona de este territorio, como el swahili de Kenya o el guaraní, de Paraguay. En ningún caso, tal concepto justificaba rango jurídico alguno sobre la lengua común española. Y así se vendió en su momento por parte de todos. Pero a la vuelta de los años, los nacionalistas gobernantes han convertido tal concepto histórico, en jurídico y por consiguiente, han legitimado una primacía de la lengua catalana sobre la castellana. Alguien me corregirá inmediatamente diciéndome que una y otra son oficiales. Evidentemente, pero al otorgarle un valor jurídico al concepto de lengua propia -aún a sabiendas que ni es constitucional ni lo avala el Estatuto-, permite a la retórica política gobernante legitimar una primacía de la lengua de unos catalanes sobre la lengua de otros. O lo que es lo mismo, permite legitimar los deseos de superioridad del mundo nacionalista sin caer en contradicción o en mala conciencia por imponer un idioma sobre otro.

La consecuencia inmediata de ese contrabando político es la imposición del monolingüismo en el Parlamento de Cataluña, en las escuelas públicas y en general, en las instituciones culturales, recreativas, políticas, económicas, religiosas etc. que domina el nacionalismo. Es decir, en casi todos. He aquí el origen del creciente descontento, por no decir conflicto, que ha generado la politización de la lengua. Sin embargo, los causantes efectivos de él siempre lo han negado.

¿Por qué todos los nacionalistas se han empeñado y se empeñan en negar el problema lingüístico de Cataluña? Respuestas hay varias. Destacaré dos sobre todas las demás: porque sus objetivos monolingüistas se imponen mejor en el silencio, y porque su nacionalismo está fundamentado en la lengua. Es decir, reconocer que existe problema a causa de la lengua, es aceptar que el nacionalismo es origen de problemas. Y, consecuentemente, es poner en cuestión la fuente, el instrumento de donde nace todo su poder. Pero hilemos más fino, ¿por qué ha sido elegida la lengua como signo de demarcación del nacionalismo? Porque el “hecho diferencial” del que emana la disculpa reivindicativa necesita algún elemento objetivo que evidencie la diferencia. No olvidemos -como nos recuerda Gabriel Albiac- que el nacionalismo ni es bueno ni es malo. El nacionalismo es excluyente o, sencillamente, ¡no es!. Y la lengua, en cuanto le permite diferenciar, le permite ser; es decir, le permite excluir. Mas allá de la simulación bilingüista que el poder nacionalista debe sostener, la evidencia de esa verdad es hoy incontestable en Cataluña. Lo cual debería hacernos reflexionar seriamente, tanto por la aberración que supone la “limpieza lingüística” que de ello se sigue, como por el silencio intencionado con el que se tapa la aberración. Sin embargo, los nacionalistas han conseguido que la utilización de la lengua como criterio de demarcación aparezca no sólo como inaplazable y justificado desquite de agravios históricos sino como irreprochable desde el punto de vista moral y político. El embotamiento al respecto es tan eficaz como unánimes los medios periodísticos y políticos puestos a su servicio. Ante situaciones como ésta, sólo la analogía nos puede sacudir las entendederas. Intentémoslo. ¿Se imaginan que el artículo 3 del Estatuto de Cataluña pusiese: “La raza propia de Cataluña es la blanca“? No, claro; no se lo imaginan. No obstante, si lo pusiese, no necesariamente supondría trato discriminatorio contra los ciudadanos catalanes de otras pigmentaciones. Un naturalista podría aclararnos que la mención a la raza propia sólo era una referencia de cariz histórico para especificar que la raza blanca era la autóctona de Cataluña. Claro, que si la especificación no sirviese para fundar derecho u obligación, ¿para qué diantres íbamos a malgastar artículos del Estatuto en poner lo que pertenece a las Ciencias de la Naturaleza? Como vemos, la referencia a la raza nos resulta inaceptable o gratuita. Nunca la admitiríamos como criterio étnico o como esencia de la nación catalana. ¡Raza catalana!. Su sola mención nos resulta grotesca.. Sin embargo, lo que para nosotros nos parece propio de bárbaros para otros ha sido o es signo inequívoco de derecho de ciudadanía. Hace sólo 3 décadas, el líder negro Luther King moría asesinado a cuatro manzanas de la “Estatua de la Libertad” por pretender que los negros no fueran ciudadanos de segunda, y sus hermanos de color de la República Sudafricana han tenido que esperar a las puertas del siglo XXI para poder votar en un país en el que sólo votaban los blancos.

La analogía de la religión propia, al igual que la metáfora de la raza propia, desnuda y transparenta la sinrazón de “la lengua propia“. Nos frotaríamos incrédulos los ojos si un buen día abriésemos el Estatuto y leyésemos en su artículo tercero: “La religión propia de Cataluña es la cristiana“. Si además comprobásemos que nuestros políticos sólo considerasen como auténticos catalanes a aquellos ciudadanos que profesasen públicamente la “religión catalana”, entonces no nos frotaríamos los ojos, nos los sacaríamos. Afortunadamente, a ningún catalán cuerdo se le podría pasar por la cabeza semejante disparate. Pasaron los tiempos en que se confundía el poder religioso y el poder político. El Estado es aconfesional y sus ciudadanos pueden profesar la religión que prefieran o aborrecerlas todas si ese es su deseo. Sin embargo, sólo hace medio siglo el mundo asistió horrorizado a las matanzas genocidas que practicaron mutuamente hindúes y musulmanes en el proceso de creación de Pakistán e independencia de la India. La religión fue el criterio de demarcación sangriento. Millones de personas de religión musulmana llegaron al Pakistán -territorio desgajado de la India en el proceso de independencia para dar cobijo a los musulmanes- desde todos los lugares de la excolonia británica. Mientras, desalojaban ese territorio todas las que profesaban el hinduismo. Pueblos enteros fueron pasados a cuchillo mientras se dirigían a pie al Estado religioso respectivo. Sólo el horror de los campos de exterminio nazis pueden compararse a esta tragedia. Incomprensible para nosotros, seríamos incapaces de sugerir que en Cataluña existe una religión propia y otras impropias. Pero como en la India, este criterio ha sido esgrimido por los exyugoslavos servios, croatas y bosnios para odiarse y matarse durante años. Más o menos como los Irlandeses protestantes y católicos. En uno y otro caso, la lengua no es problema alguno. Como no lo fue el urdu y el hindi para hindúes y musulmanes. En el caso de los irlandeses, el 97 % de la población habla inglés, mientras croatas, bosnios y servios se han entendido en serbocroata sin fricciones. En todos estos casos el criterio de demarcación y la intolerancia consiguiente vienen impuestos por la religión, algo primitivo e inaceptable para nosotros. No creamos, sin embargo, que somos mejores que ellos. Aquí no tenemos religión propia e impropia, pero sí tenemos “lengua propia” y “lengua imperialista“, que es una manera como otra cualquiera de desacreditar a la lengua común española para poder considerarla impropia sin mala conciencia. Esto nos hace tan arbitrarios y excluyentes como el más injusto racista o el más fundamentalista de los religiosos. Aunque lo disimulemos beatamente con la ayuda humanitaria a Bosnia.

En el fondo, lo que aquí se está dilucidando con la utilización política de la lengua es la discriminación social. El concepto de “lengua propia” ha resultado ser un tocomocho para todos los castellanohablantes que de buena fe lucharon por recuperar los derechos de la lengua catalana y un criterio étnico de demarcación contra todos los que no dominan el catalán. Es bien evidente que tal criterio beneficia a unos ciudadanos y perjudica a otros, no sólo porque es efectivamente así, sino porque las reglas de juego de demarcación se han impuesto interesadamente por parte de una población contra otra, que no las dominaba ni estaba en disposición de dominar, en su mayor parte. Y benefician a unos, porque disfrutan de un espacio laboral donde una parte de la población no “fa nosa” y perjudica a otros porque, además de salir en desventaja en la disputa laboral, ven disminuidos día a día sus expectativas institucionales, despreciadas sus referencias culturales y eliminados sus derechos lingüísticos en la escuela. La consecuencia de ello no es sólo material, sino espiritual: la autoestima cultural disminuye al mismo tiempo que aumenta la asunción de la propia inferioridad. Es el camino al autoodio étnico que aún sufren algunas tribus amazónicas a consecuencia de la imposición cultural y lingüística de las misiones hispanolusas. O, sin ir más lejos, es el camino al resentimiento en que tantos catalanohablantes permanecen atrapados a causa del pasado desprecio franquista a la cultura y la lengua de tres millones de catalanes. Así no se cura una herida, así se infecta. Para muestra, un botón: La pretensión de imponer el uso preferente del catalán (cercano al monolingüismo) en el Ayuntamiento de Barcelona, pasando olímpicamente del 52% de sus ciudadanos que tienen en el castellano la lengua de uso cotidiano -según encuestas del propio Ayuntamiento- ha levantado ampollas en la ciudadanía. Hasta el punto que su alcalde, Pascual Maragall ha optado por retrasar su puesta en marcha. ¿Es tan difícil rotular, imprimir y atender en una y otra lengua en una instituición pública como es el Ayuntamiento de Barcelona? ¿Acaso se le agrietan los cimientos al Corte Inglés por rotular escrupulosamente todos sus servicios en catalán y castellano…?

¡Hoy en Cataluña no hay sitio para dos lenguas oficiales! Esa es toda la sabiduría que ha logrado destilar la lucha nacionalista por las libertades de Cataluña.

Antonio Robles

» Artículo publicado en ABC en 1.996

septiembre 23, 2008

La insumisión contra la política lingüística planea en la apertura del curso universitario

Un breve recorrido por los pasillos y claustros de la Universidad de Barcelona (UB) demuestra la existencia de dos niveles de realidad. Una oficial, la de los rótulos, comunicaciones y paneles escritos exclusivamente en catalán, y otra social, la de las conversaciones en distintos idiomas en el bar y la de los anuncios de servicios del tipo «Se alquila habitación» o «Clases de guitarra» e incluso «Alloggio per studenti». Las universidades catalanas son plenamente conscientes, no sólo de esa cohabitación lingüística, sino también de que la normalización del catalán no puede mermar la calidad de la enseñanza poniendo trabas a la contratación de profesorado extranjero o a la acogida de estudiantes foráneos.


Por ello, el nuevo curso académico comenzó ayer en Cataluña sin que ninguno de los centros universitarios cumpla la normativa impulsada por la Generalitat consistente en exigir el nivel C de catalán -acreditación del uso satisfactorio de este idioma de forma oral y escrita- a los docentes extranjeros. Un ejercicio de libertad genuinamente universitario donde el profesor explicita la lengua en que impartirá la clase para que el alumno pueda elegir.

Bajan los alumnos extranjeros

Es así de sencillo, pero una vez más, la realidad oficial, la de las proclamas catalanistas, ha disuadido a muchos «cerebros» académicos y estudiantes extranjeros de trasladarse a Barcelona temerosos de una sobreexigencia lingüística. De hecho, el número de alumnos extranjeros acogidos en la UB ha descendido en los tres últimos cursos, al pasar de 1.916 a 1.795. Ayer, el mostrador dedicado a los alumnos de los programas Erasmus y Sócrates presentaba una cierta soledad en las dependencias de la UB de la Gran Vía. Quizá esa falta de movimiento fuera algo circunstancial, pero ante la posibilidad de que determinadas políticas nacionalistas debiliten el dinamismo académico, sus responsables han optado por una insumisión, impensable años atrás en universidades tan «patrióticas» y beligerantes como la Pompeu Fabra o la Autónoma de Barcelona (UAB), que fueron las primeras en reivindicar su vocación científica frente a las limitaciones lingüísticas. Esa insumisión planeó en el acto de inauguración del curso, donde los discursos aludieron más o menos explícitamente a esa postura, con la que el sistema universitario catalán demostró su apertura de miras frente a la cerrazón del Gobierno catalán. «Superado el conflicto de la lengua, nada impide contratar a los profesores extranjeros en función de su talento», aseguró Joaquim Coello, presidente del Consejo Social de la UB, órgano de participación de la sociedad en la universidad donde están representados Generalitat, Parlamento catalán, empresarios, sindicatos, Ayuntamiento de Barcelona, alumnos y profesorado.

La UB ejerció de anfitriona del acto, aunque la lección inaugural corrió a cargo de la UAB, que este año celebra el 75 aniversario de su creación. El catedrático de Historia Contemporánea de este centro, Antoni Segura, también apeló a la vocación internacional del sistema universitario catalán e hizo suyas unas palabras del que fuera rector de la UAB, Pere Bosch Gimpera, según el cual «la misión de la universidad es de una completa internacionalidad, sin que ello excluya el arraigo en el país el deber de ser la expresión de sus anhelos de cultura». El rector en funciones de la UB, Josep Samitier, también apeló a la necesidad de «buscar el equilibrio entre la internacionalidad de la universidad con la protección del patrimonio cultural propio».

Todos estos toques de atención no pasaron desapercibidos para el consejero de Innovación, Universidades y Empresa de la Generalitat, Josep Huguet (ERC), quien visiblemente a la defensiva, subrayó que «los alumnos tienen derecho a usar el catalán, por lo que es necesario que exista profesorado suficiente para atender a ese derecho». Para Huguet, «no es incompatible el cosmopolitismo con la catalanidad».

Polémico documento

El pasado 11 de junio, el Consejo Interuniversitario de Cataluña, aprobó un documento en el que se instaba a los centros académicos a exigir el nivel C de catalán a todos los docentes procedentes del extranjero o del resto de España a los que se les hiciera contrato permanente. UAB y UPF reaccionaron casi al instante advirtiendo de que no estaban dispuestos a primar el conocimiento de la lengua catalana sobre el talento docente. La Generalitat se vio forzada a poner matices a esa orden, reconociendo toda una serie de excepciones a esa obligatoriedad en función de la disciplina a impartir.

» Artículo publicado en ABC

Ciutadans marchará contra la exclusión escolar del castellano en Cataluña


C's ha anunciado que ocho entidades de varias comunidades autónomas -entre ellas Cataluña, País Vasco y Baleares- participarán en la manifestación convocada por la formación el domingo 28 en contra del modelo de inmersión lingüística y a favor del derecho de los padres a escolarizar a sus hijos en castellano.

Se trata de la Asociación por la Tolerancia, Círculo Balear, Padres por la Libertad de Elección Lingüística, Uce, Cadeca, Acción Cultural Miguel de Cervantes, Cives Iure y la Asociación de Profesores por el Bilingüismo. En un comunicado, el portavoz de C's, Jordi Cañas, llamó a participar en la protesta a "todo aquel ciudadano que crea que desde la imposición y la negación de derechos fundamentales no se puede construir una sociedad justa".


La manifestación se iniciará en la plaza Urquinaona de Barcelona a las 12 horas y finalizará con la lectura de un manifiesto en la plaza Sant Jaume tras haber recorrido la Via Laietana.

Cañas ha subrayado que la protesta tiene una "firme voluntad aglutinadora, transversal e integradora" con el fin de promover la "conciencia a nivel nacional" del "problema" lingüístico en las escuelas.

C's pretende "ceder el protagonismo a aquellos que sufren esta situación", de manera que el partido se comprometió a no intervenir en el acto.

"Esta manifestación tiene una doble voluntad: por un lado la de decir "no" a un modelo que prima el adoctrinamiento a la formación, la uniformidad a la pluralidad y la imposición al respecto".

La Generalitat 'ningunea' al TS

Precisamente, la aprobación del proyecto de Ley de Educación de Catalunya (LEC) supone, según Cañas, una "maniobra más" del Govern para "evitar que los tribunales sigan evidenciando los excesos nacionalistas de un gobierno preocupado principalmente por blindar sus competencias".

Ha acusado a la Generalitat de "dar un paso más en la política de ninguneo" hacia el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya que, con sentencias anteriores, "obliga" a la Conselleria de Educación a "aplicar la tercera hora de castellano y a la inclusión de la casilla para elegir el idioma de la primera enseñanza".

Además, celebró que "ninguna" universidad catalana "tenga intención de aplicar la orden de la Generalitat de exigir el nivel C de catalán a los profesores extranjeros o de otras comunidades autónomas que quieran aspirar a un contrato fijo".

"El sentido de responsabilidad de las universidades ha prevalido sobre el 'hooliganismo' de un conseller de Universidades (Josep Huguet) que confunde excelencia universitaria con excrecencia identitaria", concluyó.

» Artículo publicado en El Mundo