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mayo 30, 2007

CABARET EN EL LICEO

(o dos cadillacs solitarios atrapados en un atasco en el tercer cinturón)

Los que hayan visto la película “Cabaret” de Bob Fose, seguramente recordarán una escena impactante, o al menos para mí lo es, seguramente la que mejor refleja en toda la película la situación política de la Alemania de los años treinta antes del triunfo total del nazismo.
Liza Minelli, con su compañero de piso, interpretado por Michel York y el millonario que les paga las juergas (no me acuerdo el nombre del actor ahora), están de excursión por Baviera.


En un hostal rural se emborrachan de cerveza y champán entre una pequeña multitud de juerguistas, vestidos con los trajes típicos regionales…Todo parece tranquilo y todo el mundo parece feliz allí. De repente un adolescente de no más de 15 años, rubio, barbilampiño, ojos azules… se levanta entre el público y comienza a cantar una canción: “El futuro nos pertenece”. Es un primer plano, el angelito canta y solo vemos su cara. La cámara poco a poco va hacia atrás y vamos descubriendo que lleva un fular sobre una camisa parda (¿un boy scout?), la cámara sigue ampliando el plano y al chico cada vez la expresión de sus rostro se le va endureciendo y canta con más furia…hasta que al final levanta su brazo haciendo el saludo romano y descubrimos que luce la esvástica; es un miembro de las juventudes de la SA. La gente alrededor se va contagiando del entusiasmo del joven y empiezan a levantarse de las mesas ,a izar el brazo al estilo nazi y a unirse en un coro patriota y cada vez más fanático…Todos los que hasta hace un momento reían y bebían grandes jarras de cervezas apaciblemente acaban formando una masa que da miedo… Todos menos un viejecito que no se levanta de la mesa , que pone su mano en la frente y mira el espectáculo con una terrible expresión de desesperación…Liza Minelli y sus dos amigos, se van de allá azorados y desconcertados mientras el ricachón que les acompaña les tranquiliza diciéndoles que aquello no tiene ninguna importancia, que es un fenómeno que se controlará…, estamos a principios de los años treinta…


He evocado esta escena leyendo el gran libro de Sabino Mendez “Historia de hambre y sed” del cual ya he comentado algún trozo en este blog. No voy a ser demagogo, no voy a decir que el nazismo alemán sea comparable al nacionalismo catalán agobiante, ni muchísimo menos, pero hay que reconocer que muchas veces comparten estética.

Ela historia es que TV3, celebraba no se qué aniversario. Se trataba de un gran evento político, social y cultural que se celebraba en el Liceo. Uno del los números era un especie de suite musical interpretada por la Orquesta del Liceo en la que en un arreglo sinfónico se iban encadenando diversos temas de música pop catalana. Parece ser que este era uno de los motivos por los que se le invitó al músico catalán Sabino Mendez, el hecho de ser el autor de los más importantes éxitos del pop catalán pero (ay!) cantado en castellano. La suite sinfónica , sin letra , como es lógico, no contenía ningún éxito de Sabino Mendez ni de ningún músico catalán que cantase en castellano y todo eran adaptaciones sinfónicas de cancioncitas de genios como Els Pets, Laxa’n Busto u otros del ámbito ligüístico catalán/valenciano/balear…

Pero el gran número de la noche , la explosión final fue lo que , a continuación nos relata el propio Sabino Mendez en su libro: (pg. 139)

“Una niña se acerca al centro del escenario oscuro donde la espera un foco. Va un poco rígida. Está vestida con modestia y austeridad. Se nota que le han dicho cómo debe actuar. Es consciente de que forma parte de unja representación, al igual que todos los que se hayan entre el público. El objetivo de la representación no sé si para la niña está tan claro. Es el final del concierto. El truco, el objetivo es, desde luego, conmover; mas ¿porqué han elegido precisamente una niña en estos tiempos de la pederastia en la Red? Porque el universo simbólico de quines la han elegido se formó en un tiempo muy anterior a este. La niña empieza a cantar solo, sin instrumentos. ¿Por qué han elegido también que empiece así? Porque desean transmitir un contenido de pureza . No hay nada más puro, que llega con más pureza a nuestro corazón, que la voz de los niños. Tendrían que haber escogido incluso una niña un poco menor, de cinco o seis años, pero sin duda no la han encontrado: es muy difícil enseñarles a esa edad; todavía se resisten mucho, de una manera natural y no preconcebida, a ser manipulados. Aún no aciertan siempre el resultado de las órdenes y no son previsibles. La voz de la niña se eleva por los altos muros del Teatro del Liceo barcelonés. Mas ¿qué está cantando? Déjenme que escuche bien. Es una canción que les desea a los nuevos y poéticos segadores de 1.714 un buen golpe de hoz en su tarea de revuelta. Ya la conocen del primer capítulo (del libro. Por si hay algún psicópata que todavía la suscribe en su sentido pleno, ¡no podían por lo menos dejar a las criaturas fuera de ello y no, obscenamente, hacérsela cantar a una niña? ¿Es que el nacionalista está ya tan enfermo que no ve lo obvio? ¿Su delirio de gloria etnicista ya no respeta nada?

(…)

Pero aquella tarde , todo el teatro se levantó como un solo hombre. Una visión impresionante. Es espectáculo vale la pena verlo desde el palco del primer piso, lateral izquierda desde el escenario. Un sitio muy abierto y muy vistoso. Yo lo veía todo y a la vez estaba en una ubicación central, muy observada. Como la liturgia no se descuida en estos casos, en aquel momento se encendieron las luces de la sala para que todo el mundo pudiera observar y autosatisfacerse con el espectáculo previsto. Parecía que les hubieran metido un cohete de feria por el culo.

No me levanté. Muscularmente hubiera podido hacerlo. Intelectualmente, también. Tenía mil coartadas posibles a mi disposición. Nadie podría discutir, por ejemplo, que La Marsellesa es uno de os pocos himnos que por su estructura musical consigue escaparse de la sensación de la sensación de adocenamiento que provoca el habitual dos por cuatro de estas piezas, y que, a pesar de ello también tiene una de las letras más repugnantes que conozco. Cosa que no ha sido impedimento para que, muchas veces, haya sido escogido popularmente como el himno de la libertad por antonomasia. El Segadors, a su lado, es comparativamente poca cosa.

(…)

Pues bueno, ya lo saben, no me levanté. Me gustaría poder presumir de que fue por temperamento, decencia o astucia. Al fin y al cabo, normalizar un país de verdad en la época moderna consiste seguramente en crear costumbres libres, conseguir que estas cosas dejen de ser obligatorias. Pasa probablemente por no levantarse y que a nadie le parezca importante si lo hace o no. Pero fue, puedo asegurarlo , por razones más egoístas: lo que yo quería era salvar mi mente.

Pero lo cierto es que se levantó todo el mundo: locutores que presumen de irónicos y sarcásticos tuvieron su momento de fanatismo y7o adocenamiento y lo hicieron (vi a uno que lo hizo de mala gana); esposas de subsecretarios del Gobierno autónomo embutidas en un estilo de vestidos que hasta hace poco solo se veían en Madrid, lo hicieron; muchos hombres maduros con traje y algún resto de barba y melena , también. Algunos hasta cantaban. Joder, parecía una misa. Una misa laica en el Liceo. El himno dura bastante y más cuando lo canta una niña a paso de rana. Tuve mucho tiempo para apoyarme en la baranda del palco y observar, tranquilamente sentado y resistiendo la presión implícita del entorno, a la concurrencia que estaba en pie. Por esas casualidades de la vida estaba en un sitio central, muy visible desde todos lo ángulos del teatro (fila 12, silla 16, hagan la prueba), y llamaba bastante la atención mi inmovilidad. Las ganas de ceder, conceder, levantarme y fundirme en el entorno anónimo de masa para dejar de ser el raro, el observado con curiosidad (para estar tranquilo, en una palabra), fueron una tentación. Pero me sobrepuse. Nadie desde mis códigos podía rendir pleitesía a una propuesta artísticamente tan indecente. Paseé toda la mirada por el teatro y, para entretenerme y resistir la presión involuntaria de cualquier posible mirada (se acercaba la estrofa final) me dediqué a hacer un cálculo aproximado de cuantos éramos. Unos tres mil, diría yo. Les aseguro que es un espectáculo imponente un teatro lleno con tres mil personas entregados al furor patriótico, aunque sean de clase media. Y ponte tu a llevarles la contraria como el impertinente de guardia. Un teatro de ópera con tres mil patriotas distribuidos en varios pisos cantando, con las luces encendidas y la música enervante desde el escenario es un espectáculo que da incluso un poco de aprensión, créanme. Como si fuera un turista perplejo(seguramente, un indostaní que desconoce lo que es Cataluña y nunca ve las Olimpiadas, debieron pensar), pasé la mirada por todo el local, decidido a no perderme un detalle del momento. Y entonces lo vi: estaba allí, en lo más alto de la platea o gallinero, cercano a la baranda y un poco más hacia el centro del teatro, donde la baranda empezaba a curvarse. Otro tipo, alguna persona más en el teatro, no se había levantado. Déjenme soñar: vamos a descartar causas hemipléjicas y permitir que aquel día no me sintiera tan solo. Claro su posición era mas cómoda que la mía allí en la semioscuridad del ángulo del gallinero y no en medio del barullo central y a plena luz como yo, pero su presencia me consoló mucho. Aguantamos los dos hasta el final del himno y entonces toda la gente se sentó y las luces bajaron.”
J.A.

abril 20, 2007

Carta de Rosa Díez a María San Gil

Querida María:

No sé cómo empezar a escribirte esta carta. Pero voy a hacerlo como me salga, porque quiero decirte en público las cosas que pienso de tí, lo que he sentido cuando he sabido de tu enfermedad, del nuevo golpe que la vida te ha dado. Esta no pretende ser una carta política, aunque tú y yo lo seamos. O, pensándolo bien, quizá sí es una carta política, porque la política no tiene por qué estar reñida con los sentimientos. Al fin y al cabo ambas nos hemos encontrado en la vida gracias a nuestro compromiso político, a nuestra dedicación vital. Y ambas estamos en esto --desde historias y trayectorias completamente diferentes--, con la intención de ser útiles a los demás, con el deseo de que nuestro trabajo sirva para que la gente sea, a la postre, algo más feliz. Así que, definitivamente y desde esa perspectiva pues sí que va a ser esta una carta política de mujer a mujer, de compañera a compañera.


María, la vida es verdaderamente injusta. Seguro que tú llevas esto de la injusticia mejor que yo; es la ventaja que teneis los creyentes. Yo no puedo esperar a que en la otra vida te compensen por lo que estás sufriendo en esta y por eso me parece que es complétamente injusto que tu Dios te mande una nueva prueba. Yo creo que ya has sufrido bastante, que ya has demostrado suficiente valor, que ya has pasado lo tuyo, que te graduaste en dolor y horror el día que viste como asesinaban a tu amigo y compañero Gregorio Ordoñez . Y que desde entonces no has hecho sino ir sumando sacrificios, disgustos, temores, penas, desesperanzas...

Pero en fin, no vamos a hablar de esas cosas. Quedamos en que creo que es una injusticia lo que te está pasando; y quedamos en que si tú estás en lo cierto, tu Dios te lo compensará, dentro de muchísimos años, en la otra vida. Yo quería hablarte en esta carta de ahora, de lo humano, de lo que más o menos está bajo nuestro control. Sabes María que te tengo un enorme cariño. Que admiro tu entereza, tu sencillez, tu falta de doblez, tu cercanía, tu generosidad. Y sé que este es un sentimiento compartido por muchísima gente, por miles y miles de españoles de todos los colores políticos que te admiran y te quieren. Tu proyeccción humana es con mucho superior a tu impacto político; la gente quiere a María, a esa mujer de rostro sereno que les habla desde el País Vasco, a la que escuchan como si fuera de la familia, que les dice de forma sencilla verdades como puños. La gente aprecia que nunca subas el tono de voz, que siempre des la cara, que mantengas la mirada serena incluso ante el asesino, que no bajes los ojos, que no te ocultes tras las palabras.

Los ciudadanos españoles quieren a María, a la mujer, al ser humano completo que tú eres; pero no creo que sepan valorar cuanto vales. Porque con esa forma de ser que tú tienes, haces que los retos más complicados parezcan cosas sencillas de abordar. Por ejemplo: a todo el mundo le pareció natural que ocupases el puesto de Gregorio Ordóñez después de que ETA lo asesinara en tu presencia. Pero no era algo tan natural; la decisión que tomaste no fue fácil porque esa decisión te cambió la vida. A partir de ese momento aprendiste a vivir sin privacidad, con escoltas. Aprendiste a renunciar a esas cosas sencillas que a veces no valoramos suficientemente: pasear con los niños por el parque, empujar el columpio, darles la merienda en un banco, salir a tomar el sol, un café en la esquina, con amigos... Todo eso se acabó para tí, una joven mujer, llena de vida y de proyectos personales. A partir de ese momento empezaste a pensar y a trabajar por los proyectos de los demás; conviene que la gente reflexiones sobre eso. Renunciaste a tu vida privada para trabajar por la vida de otros. Por su vida y por su libertad. Lo que hiciste fue un acto heróico, un acto de un valor extraordinario.

Tampoco fue un regalo sustituir a Jaime Mayor Oreja en la Presidencia del PP en el País Vasco y en la candidatura a Lehendakari. Fue un gran reto que tú supiste asumir con determinación y espíritu positivo. Ahí volviste a demostrar cuanto vales, la buena madera de la que estás hecha, María.

Yo sé lo mal que lo has pasado estos dos últimos años en el Parlamento Vasco. Y no es porque me hayas hecho muchas confidencias; ambas somos en eso bastante pudorosas. No nos solemos permitir el "lujo" de contarnos nuestros pesares; es como si con una especie de códico secreto supiéramos que tenemos la obligación de trasnmitirnos optimismo. Pero sé cuanto te dolió que cuando el Lehendakari te dijo "vosotros representais lo peor de este Pais...", no hubiera nadie de los bancos socialistas que se levantara y te diera un abrazo para que quedara patente que más allá de nuestras disputas, los demócratas sabemos que lo peor de nuestro pais es ETA el partido que se beneficia electoralmente de sus crímenes. Pero nadie se movió. No lo sé, nunca me lo has dicho; pero yo en tu lugar hubiera sentido más esa soledad que las palabras del lehendakari; porque de Ibarretxe, del PNV, ya no creo que esperes nada. De los que son --o fueron-- compañeros constitucionalistas, seguro que sí.

No sé si lo que voy a decir es una bobada; pero he decidio escribir según me fueran saliendo las palabras. Así que te digo que he pensado que esto de tu cáncer seguro que se debe a que has somatizado el sufrimiento. Yo creo que el cuerpo se resiente por la parte más débil; y tú debes tener un gen propenso a mutar en células cancerígenas... Seguro que habrá quien me explique que esto que estoy escribiendo no tiene ninguna base ciéntífica; y seguro que es así. Pero a mí nadie me quita de la cabeza que lo que se sufre termina saliendo por algún sitio. Así lo veo; y así de doblemente injusto me parece.

María, ahora se trata de torear este nuevo morlanco. Te he oido contarlo en la rueda de prensa; y parecías tan serena, tan confiada, tan tranquila... Parecía que nos querías consolar a nosotros, a los que te estábamos escuchando, a los que estábamos sobresaltándonos por tí. Sé que te vas a enfrentar a este reto como a todos los anteriores; y que ahora también vas a superar la prueba. Pero déjame pedirte un favor: déja que los que te queremos te ayudemos a dar la batalla. Deja que te queramos, que te hagamos mimos; déjanos ciudar de tí. Sabes, le oí decir una vez a la poetisa cubana Dulce María Loinaz que se puede llorar en soledad, pero que para reir se necesita compañía. Venga, María: si tu nos dejas, haremos guardia para reir contigo.

Un beso muy fuerte, preciosa.

abril 17, 2007

Primo Levi, un pedagogo europeo

Estos días se cumple el vigésimo aniversario de la muerte (por accidente o probablemente por suicidio, no está definitivamente establecido) de Primo Levi, tenía 66 años. Para mí, Primo Levi es un pedagogo. Un pedagogo que me ha enseñado (“la letra con sangre entra”) la naturaleza del mal absoluto. Del mal absoluto europeo, para ser mas exactos.

Hoy en día, la opinión pública europea más consciente, se indigna con razón con las brutalidades tribales africanas, con los autoritarismos asiáticos, con la vergüenza de Chechenia, con el nihilismo terrorista, etc… pero sería bueno que no olvidásemos jamás que el paradigma de brutalidad asesina humana lo representa a la perfección la historia europea del Siglo XX. La cuota española en esta historia no es desdeñable: hermanos contra hermanos durante tres horrorosos años y cuarenta años de dictadura franquista…, no está mal.


Primo Levi, joven químico italiano que en su vida se había preocupado por el hecho de que pertenecía a una familia judía laica ilustrada, fue brutalmente “puesto en su sitio” por el fascismo italiano aliado del nazismo alemán: SU SITIO ERA AUSCHWITZ.

Allá donde cientos de miles de personas murieron (millones en toda Europa), él sobrevivió. Su compromiso a la salida del infierno fue que aquello HABÍA QUE CONTARLO para que la gente aprendiese. Su compromiso fue un compromiso pedagógico con la humanidad. De este compromiso surgió “SI ESTO ES UN HOMBRE”:

26 de enero. Estamos solos, abandonados en un universo de muertos y larvas. El último rastro de civilización ha desaparecido a nuestro alrededor y de nuestro interior. La obra de bestialización emprendida por los alemanes triunfantes ha sido cumplida por los alemanes derrotados. Es hombre quien mata, es hombre quien sufre o comete una injusticia: no es hombre quien ha perdido toda decencia y comparte su lecho con un cadáver. Quien ha esperado que su vecino acabara de morir para robarle un pedazo de pan puede ser inocente, pero está señalado, condenado, maldito.

Este libro no se puede explicar, no se puede hacer una crítica de él, no se puede ni tan siquiera citar, como acabo de hacer yo. Este libro hay que leerlo sólo y en silencio, como un monje de clausura lee sus cosas. Este libro no se puede ni siquiera comentar con un amigo. Este libro tiene que hacerse carne en nosotros.

Después de esta lectura, de esta clase magistral del maestro Primo Levi, podremos contemplar a Txapote riéndose con su chorva en la jaula blindada de la Audiencia Nacional en el juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, y no quedarnos paralizados, porque entenderemos que de eso y más es capaz el ser humano. Y entender el mal absoluto, es el primer paso para poder ser capaces de enfrentarnos a él.

J.A.

» Regreso a Auschwitz. Entrevista ínédita a Primo Levi
» Primo Levi. Wikipedia. Bibliografia
» Primo Levi: "Memoria de Auschwitz". Artículo conmemorativo en La Vanguardia

diciembre 18, 2006


Laicismo jurídico y laicismo filosófico

Dos documentos recientes -“Constitución, laicidad y educación para la ciudadanía” (manifiesto del PSOE con motivo del XXXVIII aniversario de la Constitución), y la Instrucción Pastoral “Orientaciones morales ante la situación actual de España”, de la Conferencia Episcopal Española (CEE) —dan fe de la importancia actual del debate sobre el laicismo.


Tres, en caso de que otorguemos algún valor e importancia al informe del Grupo de Alto Nivel (GAN) de la Alianza de Civilizaciones, que, en muchos aspectos no los tiene, pero que aporta informaciones de interés, aunque harto conocidas, respecto del islam y el laicismo. La lectura atenta de estos tres documentos y su análisis crítico pueden ser de gran utilidad para una discusión de la que todos salgamos con más y mejores conocimientos de hechos y opiniones de los que ahora, al parecer, tenemos los unos y los otros. Para empezar, parece que hay buen acuerdo en considerar que del término laicismo debemos considerar, principalmente, dos acepciones. Una, de tipo jurídico y político, denota la separación de la iglesia, entendida como confesión o como organización, y del Estado; otra, de carácter filosófico, indica una cosmovisión naturalista del universo y de la vida que es ajena por completo a cualquier tipo de creencia religiosa. El documento de la CEE, como era de esperar, sanciona el laicismo jurídico —ese muro de separación entre la iglesia y el Estado del que escribió Thomas Jefferson cuando se aprobó la Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos— al que se define como “justa autonomía del orden temporal, en sus instituciones y procesos” y se declara “enteramente compatible con la fe cristiana y hasta directamente favorecido y exigido por ella”; empero, rechaza de plano el filosófico. Más que de fe, en realidad se trata de una cuestión histórica de profundos efectos en la cultura occidental. El origen del laicismo jurídico se remonta a la “querella de las investiduras” (1050-1122), un conflicto fundamentalmente intelectual y legal que se saldó con una amplia victoria del Papa y sus seguidores. El resultado inmediato de esa victoria fue el primer sistema legal moderno de alcance universal, el derecho canónico, monumento del racionalismo jurídico pre-aristotélico de la Europa medieval y deudor, a la vez, del corpus juris civiles de Justiniano, felizmente reencontrado por los juristas europeos hacia finales del siglo XI. Pero el aspecto más revolucionario de esta acción papal fue que todos, príncipes seglares y jerarcas eclesiásticos, tuvieron que respetar que, así como la Iglesia era una corporación autónoma regida por el derecho canónico, la sociedad civil se podía organizar en corporaciones sujetas a sus propias reglas, desarrolladas en paralelo con el derecho canónico, y a establecer por tanto, sus propias asambleas, tribunales, etc. Esta idea de entidades o corporaciones autónomas, gobernadas por sus propias leyes y regulaciones, que está ausente en otras grandes culturas o civilizaciones, como la china o la islámica, supuso la creación de “zonas neutras” o ámbitos públicos de discusión y participación —tales como las universidades y las academias de ciencias— protegidos de la incursión de las autoridades religiosas donde pudo asentarse el pensamiento crítico y especulativo, la libre indagación de la naturaleza, y el racionamiento lógico y autónomo, condiciones necesarias —aunque no siempre suficientes— para el nacimiento y desarrollo de la ciencia moderna, uno de los mayores logros que nuestra cultura occidental, hoy tan frecuente e injustamente denostada, ha dado al mundo. El laicismo, pues, no estuvo propiciado ni condicionado por la fe —aunque, qué duda cabe, que la máxima evangélica “Dad al César lo que es del César…” se adujo, y se aduce, convenientemente— sino por el empeño del papado en lograr, no sólo en materias de religión sino en todos los órdenes de la gobernación de las cosas de este mundo, esa justa autonomía legislativa, judicial y ejecutiva que ahora nuestros obispos le conceden al Estado.El laicismo de un Estado puede ser activo o pasivo. El primero, a grandes rasgos, se caracteriza por considerar a las distintas religiones —como culto e identidad grupal más que como credo— un servicio como otro cualquiera del Estado de bienestar. Es, en términos coloquiales, el laicismo del “café gratis para todos”. Claro que cada confesión religiosa se ve favorecida por el erario público según una escala un tanto arbitraria, a la cual nuestros gobernantes actuales usualmente denominan “implantación social”. Este tipo de laicismo parece ser el que inspira al PSOE, pues, por ejemplo, según las últimas noticias disponibles, la propuesta de Ministerio de Educación es que los centros de enseñanza públicos y los que reciben subvenciones del Estado, impartirán obligatoriamente clases de religión a demanda de los alumnos (y de sus padres, se supone), si bien asistir o no a esas clases es una elección libre de éstos. Además, se financia y se imparte tanto la enseñanza confesional o adoctrinamiento como la meramente cognitiva o educativa. Este tipo de laicismo, que podemos también llamar un sucedáneo del relativismo propio del multiculturalismo posmoderno —que se muestra condescendiente, pese a infravalorarlos intelectualmente, en el fondo, con los pobres mortales que necesitan consuelo y buscan sacrosanta identidad grupal en la religión— es el que parece deducirse también del documento del PSOE citado al inicio de estas líneas. Así, podemos leer que “en un momento como el actual, en el que el fenómeno migratorio está convirtiendo a la sociedad española en una sociedad multicultural, es preciso recordar y reafirmar el valor de un principio constitucional, el de Laicidad (subrayado en el original)”, o, más adelante, y con horrorosa sintaxis, “la laicidad es el espacio de Integración. (sic).”Parece lógico esperar que el segundo tipo de laicismo, el pasivo o neutro, el del muro jeffersoniano infranqueable entre la religión y el Estado, fuese el que sostuviera ideológica y promoviese políticamente una izquierda racionalista e ilustrada, no desnaturalizada. Mas para que fuese así, nuestra izquierda tendría que renunciar—amén de a un infantil anticlericalismo fundamentalmente anticatólico —al multiculturalismo de las identidades grupales religiosas (muy emparentadas, por cierto, con las nacionalistas) y ser tan crítico con la religión islámica como lo es con la cristiana en general y con la católica, en particular. Pues gran parte de la política religiosa del PSOE está siendo condicionada por un temeroso respeto al islam, tal y como se puede comprobar analizando el informe final del GAN de la Alianza de Civilizaciones de Rodríguez Zapatero, el tercer documento que se citaba en el arranque de este artículo. Pues carece de toda lógica que en el manifiesto del aniversario de la CE del partido se propugne el laicismo como medio idóneo para la integración de confesiones religiosas en una sociedad multicultural, y en el otro —que si bien no es del PSOE, está promovido y aceptado por su Secretario general— se critique falazmente y se desvalore, hasta el punto casi de rechazarlo, el laicismo, lo cual es una clara concesión a una fe religiosa opuesta doctrinalmente a la separación entre lo público y lo privado, entre la Mezquita y el Estado (o Trono).Y el caso es que, bien mirado, los eruditos musulmanes que sostienen, en contra de lo que dicen nuestros obispos en su reciente Pastoral, que la fe es incompatible con el laicismo jurídico y político, no van muy desnortados. Pues amén de que no exista tradición cultural alguna de esta clase de laicismo en la gran mayoría de las sociedades de musulmanes, sus líderes religiosos y políticos son conscientes de que este laicismo de metodología social conduce, tarde o temprano, en las mentes más inquietas, al laicismo filosófico, muy corrosivo para cualquier religión. En esto último están de acuerdo nuestras altas jerarquías católicas, pues la parte de la Pastoral que dedican al laicismo filosófico, a la cosmovisión naturalista y científica del mundo y de la vida, es en verdad de una simplicidad intelectual manifiesta y de dureza y acritud dogmáticas sorprendentes. Como instrucción pastoral para los creyentes que duden, podría ser aceptable; como propuesta de debate con los agnósticos, es un grave error. Pues parecen olvidar sus eminencias, que en cuestiones de verdades trascendentes y reveladas, todos dudamos. Pero algunos necesitan creer, y por eso, creen y profesan alguna fe religiosa. Otros, con tanto derecho como éstos, por el contrario, necesitamos dudar, conque no podemos creer de la misma manera.

Fuente: Basta Ya. Autor: Fernando Peregrin

diciembre 17, 2006

Santoral laico: Madame du Châtelet

Hoy 17 de Diciembre cumpliría 300 años la bellísima Grabielle-Emilie Le Tonnelier de Breteuil, que se casó con el Marqués de Châtelet y que fue amante del gran pionero Voltaire.


De vez en cuando no está mal recordar a los personajes que, allá en el siglo XVIII, con su inteligencia y su rebeldía contra el despotismo fueron poniendo los cimientos de la modernidad, de la libertad y de la ciudadanía tal como las entendemos hoy en día, en dura lucha contra los prejuicios imperantes. Nuestro compañero Fernando Savater, en el suplemento cultural Babelia de El País, le dedica un extraordinario estudio a esta mujer libre que
"por encima de todo, por encima de todos, contra todo, se dedicó a la filosofía y no al prejuicio, a la ciencia y no a la superstición, a la pasión y no a la gazmoñería, al juego y no a la oración, a la felicidad y no al renunciamiento. No se entregó al confesor ni a la familia, sino a Voltaire."

Pongamos tres velas , una por cada centenario, en honor de esta pionera de la libertad y bebamos una botella de vino del Priorat mientras se van quemando.

» Ver biografía de Madame du Châtelet

J.A.