septiembre 03, 2007

Ideas para el siglo XXI (XI)


PROBLEMA: La dependencia del petróleo

Encender el interruptor
Amy Myers Jaffe


Casi todo el petróleo del mundo estará pronto en manos de autócratas poco fiables. Habrá que electrificarse.

Poco a poco, en silencio, el mundo del petróleo ha cambiado. Las grandes compañías que dominaban los mercados energéticos en la segunda mitad del siglo XX –ExxonMobil, BP, Royal Dutch Shell y otras semejantes– poseen ahora menos del 10% del crudo y del gas en el mundo. De su puesto les han apartado diversas empresas nacionales controladas por los gobiernos, que poseen ahora casi el 80% de las reservas de petróleo, dominan de forma aplastante la producción y los precios y no se recatan a la hora de emplear su poder geopolítico.


No es posible eludir la realidad de que, en gran parte, el futuro suministro de oro negro dependerá de estos monstruos nacionales. Las connotaciones de esta reestructuración del sector deberían despertar las alarmas en las capitales de los grandes consumidores de crudo. La lista de empresas petrolíferas nacionales que en los últimos años han tenido una producción estancada o en declive debido a disturbios civiles, ineficacia, injerencia oficial o corrupción es larga e incluye a países como Indonesia, Irán, Irak, México, Rusia y Venezuela. De hecho, muchos productores importantes podrían imitar al Estado persa y convertirse en importadores netos de petróleo en los próximos años, entre ellos México e incluso Venezuela, a medida que los ingresos se desviaran hacia gastos sociales internos más acuciantes en vez de dedicarlos a unas reinversiones muy necesarias. Por todo ello, en el futuro, el suministro de oro negro podría dejar de materializarse en las cantidades previstas y necesarias.

Toda estrategia energética que se limite a tontear con el problema, sin entrar en él, muestra una peligrosa falta de previsión. Necesitamos una solución radical, con más posibilidades a largo plazo. Y, en este sentido, el medio del futuro es quizá la electricidad. Canadá, Francia, Alemania y Estados Unidos generan electricidad a partir de distintas fuentes de combustible pero, en general, sin recurrir al petróleo. Hay que transformar la flota automovilística en vehículos híbridos, de enchufe, capaces de funcionar tanto con electricidad como con gasolina, como el Renault Kangoo y los modelos híbridos Toyota Prius y Dodge Sprinter. Este cambio prepararía mejor a la gente para cualquier contingencia. Si escasea el petróleo, enchufamos los coches. Con el tiempo, si hay que restringir el carbono, podremos enchufar los vehículos para obtener electricidad a partir de energía nuclear o solar, combustibles limpios renovables o carbón del que se haya eliminado el carbono. Si lográsemos reducir la demanda de gasolina, eliminaríamos el 70% del aumento previsto en la demanda de petróleo. Disponemos de la tecnología necesaria para hacerlo. Sólo tenemos que utilizarla.

Publicado en Foreign Policy - Edición española

Amy Myers Jaffe ocupa la cátedra Wallace S.Wilson de estudios sobre la energía en el Instituto James Baker III de Política Pública y es profesora asociada en Rice University (EE UU).

agosto 31, 2007

La pela es la pela...

Montilla y cinco consejeros cobran dietas de viaje del Parlament pese a ir en coche oficial

Esa norma fue introducida en el primer Gobierno de Pujol y mantenida desde entonces

El presidente de la Generalitat, José Montilla, y cinco consejeros, los que siguen siendo diputados, perciben una indemnización del Parlament en concepto de gastos de desplazamiento y de viaje pese a disponer de coche oficial. Montilla, Joan Saura, Joan Puigcercós y Antoni Castells cobran 19.989 euros netos anuales por residir en Barcelona o en su área metropolitana. Joaquim Nadal y Josep Lluís Carod Rovira reciben 27.901 euros, porque viven en Girona y Tarragona, respectivamente. Ni Jordi Pujol ni ninguno de los consejeros de CiU que mantuvieron el acta de diputados, renunciaron a estas dietas de desplazamiento.


El reglamento del Parlament prohíbe a los miembros del Gobierno, que conserven su acta de diputado, cobrar dos sueldos públicos, por lo que deben renunciar a uno de ellos. Todos, sin excepción, optan por percibir la nómina de consejeros y rechazan la de parlamentarios. Pero no lo hacen respecto a las indemnizaciones y dietas que prevé el mismo reglamento.

El régimen económico del Parlament establece que los diputados percibirán una "indemnización por gastos de viaje y desplazamientos, teniendo en cuenta el lugar de residencia". Esta dieta sirve para que los diputados puedan costearse, por ejemplo, la gasolina, los peajes de autopista, el tren o el transporte público. Los parlamentarios que residen en Barcelona o su área metropolitana cobran 19.989 euros anuales; quienes viven en municipios distantes de Barcelona hasta 80 kilómetros, 25.989 euros; hasta 190 kilómetros, 27.901 euros, y a una distancia superior a los 191 kilómetros, 28.137 euros.

Sólo dejan de recibir esta indemnización el presidente de la Cámara y los miembros de la Mesa, porque todos ellos disponen de coche oficial. En cambio, el presidente de la Generalitat y cinco de sus consejeros, que mantienen el acta de diputado y también se desplazan en vehículo oficial, siguen cobrando esta dieta por "viajes y desplazamientos". Así sucede desde el primer Gobierno de Jordi Pujol.

En el actual Ejecutivo, el presidente José Montilla y los consejeros Joan Puigcercós (Gobernación), Joan Saura (Interior y Relaciones Institucionales) y Antoni Castells (Economía) perciben la indemnización más baja. Son 19.989 euros netos anuales, además de su sueldo como miembros del Gobierno.

Por su parte, Josep Lluís Carod (Vicepresidencia) y Joaquim Nadal (Política Territorial) perciben 27.901 euros porque residen a más de 81 kilómetros de Barcelona. Carod tiene fijada su residencia en Tarragona y Nadal en Girona. Todos ellos confirmaron a este periódico que no han renunciado a percibir estas dietas por desplazamientos, sin añadir comentario alguno.

En cambio, el resto de los consejeros que concurrieron a las elecciones autonómicas -Montserrat Tura, Ernest Maragall, Marina Geli y Josep Huguet- no perciben estas cantidades porque devolvieron su acta de diputado.

En la última legislatura de CiU también cobraron esta dieta Jordi Pujol, Artur Mas, Josep Antoni Duran Lleida, Eduard Rius, Josep Grau y Antoni Fernández Teixidó. Y en la de Pasqual Maragall, el propio presidente; Joan Saura, Antoni Castells, Joaquim Nadal, Josep Maria Vallès y, durante un año, Marta Cid.

El Parlament de Catalunya es la única de las cámaras autonómicas consultadas que dispone de una indemnización de este tipo. Por ejemplo, el Parlamento de Andalucía la prohíbe taxativamente y establece que los consejeros que sean diputados no podrán cobrar un sueldo como tales ni ninguna clase de dieta por viaje. La razón: ya disponen de coche oficial.

Lo mismo sucede en la Comunidad Autónoma de Valencia. Los diputados disponen de dietas por desplazamiento, pero no los consejeros que viajan en el automóvil de la Generalitat. En el País Vasco tampoco, porque todos los consejeros renuncian a su acta de diputado.

En la Comunidad de Madrid, los miembros del Gobierno disponen de una tarjeta de 900 euros mensuales para pagar sus desplazamientos; es decir, el peaje de las autopistas o si utilizan el transporte público.

El Congreso de los Diputados funciona de la misma forma. Los ministros que conservan su acta de diputado no sólo renuncian a su sueldo, sino también a las dietas que les corresponden como miembros de la Cámara baja. Es el caso del presidente, José Luis Rodríguez Zapatero; de la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega; del ex ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, o la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. Un portavoz del Congreso señaló a este periódico que para sus desplazamientos, los ministros ya disponen de los correspondientes vehículos del parque público ministerial.

» Artículo publicado ayer en El País

agosto 30, 2007

Libros ciudadanos para el verano (X)

Título: Filologia catalana.
        Memòries d'un dissident

Autor : Xavier Pericay
Edit. : Destino


Comentario de Juan Antonio Horrach:

El filólogo y periodista barcelonés, Xavier Pericay, acaba de publicar en la editorial Destino sus memorias, que llevan por título "Filologia catalana. Memòries d’un dissident". Es éste el tercero de los libros que se han publicado recientemente que tienen que ver con Pericay: previamente aparecieron, en castellano, Progresa adecuadamente (en la nueva editorial Tentadero), una recopilación de sus artículos sobre educación publicados mayoritariamente en el diario ABC, y Ciudadanos. Sed realistas: decid lo indecible (ed. Triacastella), libro colectivo sobre la génesis del nuevo partido político Ciutadans, del cual Pericay ha sido uno de sus más destacados impulsores. Con Filologia catalana, Pericay cierra una etapa, lo que entre otras cosas implica el hecho de que éste será, probablemente, su último libro escrito en catalán.


Pericay ha aprovechado un hecho decisivo, por medular, en toda vida, como es su 50º aniversario, para hacer balance de su existencia, no sólo a nivel individual, sino también colectivo. Forma parte nuestro autor de una generación que ha tenido el privilegio o el castigo de vivir una época decisiva para España, la del franquismo, con la Guerra Civil al fondo, pero sobre todo la del post-franquismo, iniciada con la Transición, que Pericay escribe con mayúscula inicial, al contrario que otros autores, como es el caso de Nicolás Sartorius (en su obra reciente El final de la dictadura), que prefieren omitir el vocablo completo, tal es el rechazo que en los últimos años ha generado aquella época en determinados sectores. Precisamente sobre ello Pericay traza una interesante tesis, esbozada ya en los primeros compases del texto: un nuevo revisionismo está perjudicando muy sensiblemente todo lo que meritoriamente caracterizó los llamados ‘pactos’ de la Transición, y esta nueva óptica se pone urgentemente en marcha en 1996, cuando la derecha democrática alcanza el poder en España. Es durante la primera legislatura del PP cuando aparecieron los primeros intentos de poner sobre la mesa una versión modificada de la Transición. El PSOE, presa de una deslegitimación creciente provocada por una serie de escándalos (GAL, Filesa, Ibercorp, etc.), que fue paralela al crecimiento en votos y prestigio de su adversario en las urnas, encontró un medio para revertir la dinámica recurriendo a la identificación del PP con el franquismo. Este proyecto sobre todo se asentó después de la mayoría absoluta obtenida por el PP de José María Aznar en el año 2000, pasando a convertirse en programa político, cuyo proyecto ‘estrella’ es la Ley para la Memoria Histórica, que se ha gestionado durante la actual legislatura. En palabras del propio Pericay, “el revisionismo ha arrinconado definitivamente el espíritu de la Transición”, dejando de lado la voluntad de avanzar en común para beneficiar unos cálculos exclusivamente electoralistas.

Estas memorias se dividen en cuatro partes sustanciales, tituladas cada una de ellas ‘filología’ y subtituladas, por este orden: clásica, francesa, catalana e hispánica. Cada una de estas filologías cumple en este texto una función metafórica en el sentido de definir cada una de las etapas de la vida de Pericay y el cariz de su progreso existencial e intelectual. La más importante de las cuatro es la última etapa, Filologia hispánica, y lo es por lo que de recapitulación tiene y por el sentido que arroja sobre todo lo descrito anteriormente. Pericay justifica su evolución, analiza las consecuencias personales que por ello ha padecido (como es el rechazo de los que lo consideraban hasta ese momento ‘uno de los nuestros’) y define las directrices que la sustentan: su defensa de los derechos de los castellanohablantes en Cataluña (víctimas de un proyecto de exclusión del catalanismo), su contribución a la creación de Ciutadans, el recuerdo de una tradición periodística española (en castellano y catalán), integrada por Gaziel, Pla, Camba o Chaves Nogales, su labor de columnista en el ABC, etc.

Pero evidentemente son muchos más los temas retratados por Pericay en este apasionante libro. A pesar de reconocerse como una persona discreta, muy encaminada hacia lo individual y con asumido pánico a las masas, su trayecto vital nunca se ha desvinculado, ni en sus momentos más solipsistas y subterráneos, del contexto político y social que lo rodeaba. Y esto se plasma, muy apreciablemente, en el estilo de escritura, que enlaza sutilmente la anécdota familiar o las cavilaciones personales con los acontecimientos externos en los que lo primero se refleja o se conjuga. Desde el triste caso de su abuelo materno, el doctor Alfons Hosta, asesinado por el bando republicano durante la Guerra Civil, hasta la presencia poderosa de su madre, Concepció Hosta, pasando por la figura de su padre, el profesor Pere Pericay (protagonista del prólogo de Progresa adecuadamente), catedrático de griego y profesor de indoeuropeo, el desfile de los protagonistas de la vida de Pericay nos dirige a un mundo no exclusivamente personal, siendo su sentido codificable en más de un plano. Por ello, y por otras cosas, esta autobiografía trasciende el simple relato de una vida para elevarse a la condición de capítulo histórico de una época convulsa y decisiva.

Como telón de fondo omnipresente nos topamos siempre con el nacionalismo, que aparece en prácticamente todos los capítulos. En este sentido, la tesis de Pericay sobre el tema tiene, además de rigor y profundidad, la pátina del que conoce algo desde dentro, desde su misma entraña. Su comprensión del fenómeno no es únicamente intelectual, sino también sentimental, por vivida y masticada, también por observada en primer plano. Destacan particularmente sus análisis sobre la ‘niebla’ que caracteriza al fenómeno nacionalista, el relato sentimental de su profesor Lluis Aracil, el creador de la Sociolingüística (acuñó la famosa expresión ‘normalización lingüística’), que acabó demonizando las aplicaciones que el catalanismo político había hecho de sus tesis, o el caso, más grave y decisivo, de aquello que tuvo que ver con el llamado ‘Manifiesto de los 2.300’ (en realidad titulado ‘Por la igualdad de los derechos lingüísticos en Cataluña’). Este caso de disidencia declarada contra los derroteros autoritarios que ya empezaban a manifestarse en Cataluña (sobre todo con la llegada del nefasto Jordi Pujol al poder) finalizó con el atentado de Terra Lliure contra uno de sus principales impulsores, Federico Jiménez Losantos, que fue herido de bala por los terroristas. Este suceso gravísimo, acompañado por el silencio culpable de la clase intelectual catalana, incapaz de solidarizarse con la víctima, provocó el exilio de miles de profesores castellanohablantes (incluido el propio Losantos) y un aumento de intensidad en la hegemonía nacionalista, cada vez más cerca del blindaje mental. Decididamente la Cataluña de Pujol había dejado de lado el espíritu dialogante y conciliador de Tarradellas para pasar a formalizar un nuevo orden, caracterizado por el rodillo identitario, el privilegio de los derechos abstractos (de la lengua o de la colectividad definida como nación) sobre los individuales, la demonización de la disidencia, etc. La realidad al completo fue (y sigue siendo) mutilada, en beneficio de una sola idea: ‘fer país’.

Otro momento particularmente interesante de esta obra tiene que ver con las reflexiones de Pericay, apoyadas en las obras que ha publicado sobre el tema (Verinosa llengua y El malentès del noucentisme, a cuatro manos con Ferran Toutain), sobre el proyecto normativo de construcción de la lengua catalana moderna, caracterizado por un obsesivo alejamiento de cualquier tipo de coincidencia etimológica con el castellano (no sucediendo lo mismo cuando la coincidencia se da con la lengua francesa, por ejemplo). Pericay nos regala la amplitud y profundidad de su bagaje filológico, al tiempo que se apoya en un espíritu crítico que lo ha enemistado para siempre con los ‘guardianes’ de la lengua catalana, más entregados a la defensa de un proyecto político excluyente que al trabajo estrictamente filológico al que se supone deberían limitarse. De ahí que por ‘filología catalana’ Pericay entienda algo muy distinto a lo que debería ser una filología como tal.

Tampoco hay que olvidar un capítulo esencial en la vida de Pericay como es su importante labor periodística, a finales de los 80 y principios de los 90, en el renacido Diari de Barcelona, proyecto puesto en marcha por el Ayuntamiento de la ciudad para construir un periódico de izquierdas y escrito en un catalán distinto al popularizado por el multisubvencionado Avui. Pericay desempeñó labores de responsabilidad en la dirección del proyecto, y también llegó a capitanear el suplemento semanal de cultura, Lletres. En el periódico trabaja unos tres años y coincide, entre otros, con Jaume Boix (el director de su última etapa, la más creativa y libre) y Arcadi Espada. Por lo que parece, Espada ya era hace veinte años la misma persona polémica, brillante, celosa de su individualidad y, por supuesto, petulante que sigue siendo hoy en día.

Muchos más temas y situaciones son objeto de narración en las sugerentes 447 páginas que conforman estas memorias: la génesis del partido Ciutadans, el salto vital de Pericay de Barcelona a Mallorca, sus peripecias universitarias (como alumno y como profesor), la amistad que lo unió al poeta Joan Vinyoli, su juvenil afición al fútbol, el cargo directivo que ostentó en el Institut de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, etc. Todo ello con el telón de fondo de esa Cataluña post-franquista que se ha ido convirtiendo, poco a poco y a golpes de identidad, en lo que hoy todos conocemos.

(Publicado en la revista digital Kiliedro)

» Entrevista a Pericay en La Vanguardia
» Ver bibliografía en Vikipedia

agosto 29, 2007

Seminario Fernando Buesa (I)

EL PASADO COMO ACTUALIDAD. HISTORIA Y MEMORIA COLECTIVA




  • Inauguración y presentación de la primera ponencia:
    D. JESÚS LOZA - Fundación Fernando Buesa Blanco Fundazioa. Vitoria-Gasteiz.

  • “Memoria e historia: dos lecturas políticas del pasado”:
    D. MANUEL REYES MATE - Instituto de Filosofía. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid.

  • Coloquio
    Moderador: D. JESÚS LOZA. - Fundación Fernando Buesa Blanco Fundazioa. Vitoria-Gasteiz.

agosto 28, 2007

Sainete de verano

Los catalanes estamos de enhorabuena: nuestros veranos son de lo más entretenido gracias a Carod-Rovira. En cuanto Montilla se va de vacaciones, este infatigable hijo de zaragozano asume el papel de President en funciones y emplea todo su talento en amenizar las aburridas vidas de sus conciudadanos.


En la actuación de este año, hemos podido asistir nada menos que a un sentido homenaje público a un señor que se declaraba "amigo de ETA y Batasuna". Y también a la transformación de la futura conmemoración de la guerra de SUCESIÓN ESPAÑOLA en una reivindicación de la SECESIÓN CATALANA. Sublime.

Hay que agradecer a Montilla (y al PSC en general) que posibilite estos memorables sainetes de verano: qué aburrido sería el mes de agosto sin Carod y sus extravagancias con E de Esquerra.

agosto 27, 2007

Campaña por el cumplimiento de la ley de banderas

¿Sabías que muchos ayuntamientos se niegan a utilizar la bandera española tanto en el exterior como en el interior de sus edificios? En Cataluña, por ejemplo, más de 100 la ignoran. Otros han optado por hacer que no ondee ninguna bandera, lo cual es sólo una solución neutra para no significarse en contra de tener que utilizar la bandera española, tal y como establece la ley.


¿Sabías que el tema ha llegado incluso al Tribunal Supremo, que recientemente dictaminó que la ley debe cumplirse y que se sancionará a quien no la respete? Pero la presión independentista es muy fuerte en muchos ayuntamientos... Con lo que ha costado que en este país se puedas utilizar con total normalidad las banderas autonómicas, al mismo nivel que la española, y ahora nos encontramos con la situación contraria: es la española la que se rechaza.

¡Pero es que además, las instituciones deberían ser neutrales en las cuestiones identitarias, porque son de todos! Esta campaña invita a entregar instancias en los ayuntamientos que están incumpliendo la ley. Cuantas más reciba un ayuntamiento ¡mejor! Vamos a hacernos oír, sin complejos, ejerciendo el uso de nuestra libertad individual, y si tú también quieres hacerlo, ahora es el momento.

» Ver más información en la página de C's

agosto 24, 2007

Ideas para el siglo XXI (X)


PROBLEMA: Un tratado olvidado


Nueva ley del mar
Paul Saffo


Cómo una simple firma podría beneficiar a todo el mundo.

¿Quieren retrasar el calentamiento global? ¿Alimentar a los pobres? ¿Prevenir el terrorismo? Si es así, seguro que su primer impulso no es pedir a un pesado aparato burocrático, docenas de países y miles de grupos políticos que acepten una sola vía para resolver las crisis más urgentes que padece el mundo. Los tratados internacionales tardan años en redactarse y, aun en el improbable caso de que se ratifiquen tal como se concibieron en un principio, tienen pocas garantías de éxito. Sin embargo, el Senado de Estados Unidos tiene ahora la capacidad de mostrar una excepción a esta máxima del derecho internacional. Con una sola votación puede contribuir a la estabilidad ambiental y ayudar a la sociedad civil en todo el planeta. Ha llegado el momento de que EE UU ratifique, por fin, el Convenio de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.


Este tratado, que establece el marco legal internacional por el que se rigen los océanos, entró en vigor en 1994 y cuenta con un respaldo mayoritario en todo el mundo. Pero a la hora de la verdad, hasta que Washington lo ratifique, es letra muerta. Las objeciones originales que retrasaron su ratificación –sobre todo, las disposiciones sobre extracciones en las profundidades marinas– quedaron resueltas hace tiempo, pero el acuerdo sigue bloqueado por un puñado de senadores republicanos conservadores a los que preocupa una concepción estrecha y anticuada de la soberanía nacional.

Los aspectos que ayudaría a mejorar el convenio son cada vez más cruciales: la conservación de las reservas de pescado, la protección ambiental yla supresión de la piratería y la delincuencia en alta mar, cuya existencia va en aumento. Un tratado eficaz impulsaría los esfuerzos para proteger unas reservas de pescado que están en declive y de las que depende casi el 15% de la población mundial como fuente fundamental de proteínas. Dejaría claros los derechos de acceso a estrechos estratégicos y protegería el comercio mundial al homogeneizar los esfuerzos internacionales para controlar la piratería. Además, ofrecería protección al frágil entorno marino en un momento en el que el cambio climático que se avecina nos plantea enormes incertidumbres.

Pocos pasos puede dar EE UU más fáciles o más beneficiosos para el mundo que ratificar este tratado. Los problemas que aborda, desde las reservas de alimentos hasta el terrorismo, no pueden seguir esperando.

Publicado en Foreign Policy - Edición española

Paul Saffo es analista de tecnología en Silicon Valley y profesor asociado en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Stanford (EE UU).

agosto 22, 2007

Universidad catalanista de verano

Durante estos días de agosto tiene lugar en la localidad francesa de Prades - o Prada de Conflent, en la "Cataluña Norte" - la edición número 39 de la Universitat Catalana d'Estiu (UCE). En su organización participan, entre otros, representantes de las principales universidades catalanas.

Este año, la UCE presta especial atención al acontecimiento histórico de la batalla de Almansa (una de las mayores de la Guerra de Sucesión Española), ocurrida hace 3 siglos. Así lo refleja el diario oficial de estas jornadas culturales; el artículo de portada de su primer número, el correspondiente al día de la inauguración, empieza de esta forma:

Comienza la XXXIX edición de la UCE: 300 años después de Almansa

Un año más la UCE es la ocasión para hacer el balance sobre lo que ha pasado en los Països Catalans durante el curso escolar que acaba. Conmemoraciones históricas, pero también la actualidad más reciente estarán en el orden del día.

El 25 de abril de 1707 será una de las fechas históricas recordadas, en la línea de los numerosos actos que ya se han hecho desde principio de año para recordar la derrota en la batalla de Almansa. 300 años de ocupación y 300 años de resistencia recuerdan, pues, que todavía hoy no somos un país «normal» y que las libertades que se perdieron entonces todavía no se han recuperado.

Es obvio que el objetivo principal de estos cursos, que se dicen universitarios, no es la difusión de conocimientos de validez universal, sino más bien servir de altavoz de una ideología de confrontación, basada en la pasión por el ombliguismo identitario, la propaganda pancatalanista y la pedagogía del odio hacia lo español y francés. Y todo ello con el soporte del stablishment político y económico catalán.

Año tras año, destacados políticos y mandatarios catalanes acuden devotamente a participar en la UCE. En esta ocasión, el gobierno tripartito ha decidido disminuir el número de sus representantes y solo enviará a cuatro consejeros: Marina Geli (Salud), Joaquim Llena (Agricultura), Josep Huguet (Innovación, Empresas y Universidades) y Francesc Baltasar (Medio Ambiente). También asistirán el expresidente de la Generalidad, Pasqual Maragall, el portavoz de ICV en el Congreso, Joan Herrera, el secretario general de Unió, Josep Maria Pelegrí, y el exconsejero de ERC, Joan Carretero.

Como ocurre habitualmente con este tipo de eventos, la UCE recibe cada año una subvención directa otorgada por el gobierno de la Generalidad de Cataluña. Por ejemplo, para financiar la pasada edición le fueron concedidos 40.000 euros. Además, cuenta con el patrocinio de diversas entidades públicas (gobiernos autonómicos e insulares, diputaciones, ayuntamientos, medios de comunicación) y privadas (cajas de ahorro, fundaciones, colegios profesionales).

agosto 21, 2007

Libros ciudadanos para el verano (IX)

Título: La larga marcha
Autor : Joaquin Estefanía
Edit. : Península



Comentario del propio autor:

Mientras llegábamos al primer medio siglo de la Europa unida, se multiplicaban las circunstancias que sirven para significar el cumpleaños. Primera circunstancia: una encuesta publicada en el Financial Times da a los españoles el primer lugar de satisfacción con la Unión Europea (UE); un 53% de los españoles opina que su calidad de vida ha mejorado desde la entrada de nuestro país en el club europeo, en 1986, y un 19% asocia el concepto “democracia” con el de la UE.

Segunda circunstancia: la constructora española ACS ha comprado el 25% de la alemana Hochtief, la tercera del mundo en tamaño. Este último movimiento empresarial, impensable hace escasos años, avala la creciente presencia de las grandes empresas españolas en el Viejo Continente: Europa representa ya casi el 20% de la facturación total de las empresas del Ibex 35.


Tercera circunstancia: en las conclusiones del libro Qué piensan los ‘neocon’ españoles, uno de ellos escribe: “Europa, de la mano de la socialdemocracia, el socialismo, el comunismo residual y grupos radicales y alternativos, se ha convertido en una fábrica de descreídos que, paradójicamente, creen en cualquier cosa, desde el inminente desastre climático a la alianza de civilizaciones. Aun peor, la opulencia de todas estas décadas en las que los europeos sólo han pagado por la mantequilla mientras los americanos lo hacían además por los cañones, ha generado una cultura hedonista del aquí y ahora…”.

Estas tres y otras circunstancias que se podrían añadir, actualizan una idea segmentada de la actual Europa: lo que piensan los ciudadanos comunes, los empresarios y los ideólogos castizos más sombríos. Cuenta Dahrendorf una anécdota del primer ministro británico Harold McMillan, en la década de los cincuenta. McMillan pronunció un discurso en un estadio de fútbol, que pasaría a la historia, fundamentalmente por esta afirmación: “Seamos sinceros, a la mayoría de nosotros nunca nos ha ido tan bien como ahora. Recorred el país, las grandes ciudades, los pueblos pequeños, y encontrareis un bienestar que jamás habéis visto antes, al menos en la historia de este país”. Más allá de versiones interesadas, medio siglo después, trasladados a España, también podríamos decir que “a la mayoría de nosotros nunca nos ha ido tan bien como ahora”, siempre que a continuación nos preguntemos quiénes somos “la mayoría de nosotros” y si ese progreso del bienestar es irreversible.

Si hubiera que encontrar un relato, una idea-fuerza que recogiese lo sucedido en España en el último medio siglo, ésa sería la de la larga marcha hacia Europa, nuestra utopía factible, en busca del tiempo perdido durante la Guerra Civil y el franquismo más fanático y sectario. Y esa larga marcha, el camino recorrido, ha sido tan importante como la meta obtenida. Una vez dijo Claudio Magris, y lo cito de memoria, que los humanos deberíamos actuar como Moisés, que sabe que nunca llegará a la tierra prometida pero que no renuncia a caminar hacia ella: ¿no tenía razón el Rey Arturo cuando afirmaba que lo importante no es el Santo Grial, sino su búsqueda?

En esa larga marcha hacia la modernidad, que Ortega definió hace casi ya un siglo (”España es el problema, Europa la solución”. La pedagogía social como problema político, 1910) han participado todas las ideologías centrales, aunque con distintas motivaciones: los tardofranquistas, para salvar al Régimen de su inoperancia económica; los más liberales, buscando de Europa su economía de mercado, aunque no su modelo social al que consideran una rémora para la eficacia; el resto, demandando al mismo tiempo las libertades, la prosperidad y el Estado de bienestar que definen las señas de identidad dela Europa unida. Entre las élites reivindicadoras de Europa han figurado los economistas -justo es reconocérselo en el momento de una buena coyuntura como la actual- porque ayudaron a que “todo lo que era económicamente inevitable fuera políticamente factible”, en palabras de Fuentes Quintana, unos de los españoles que mejor representan ese tránsito. Hay tres documentos de política económica que simbolizan la continuidad de esa larga marcha de la autarquía a la europeización a través del último medio siglo: el Plan de Estabilización de 1959; los Pactos de La Moncloa de 1977, firmados por todos los partidos con representación parlamentaria (derecha, centro, socialistas, comunistas y nacionalistas), y el Programa a Medio Plazo de la Economía Española 1983-1986, con el que los socialistas empezaron a gobernar la primera vez. Estos tres hitos se complementan con una decisión: la del PP en 1996, de conseguir que España entrase sin retrasos, por primera vez en su historia, en algún acontecimiento europeo: la moneda única.

Es más fácil seguir los hilos de la continuidad hacia Europa en la política económica que en los recovecos, marchas hacia atrás y hacia adelante y picos de sierra que nuestro país ha sufrido en la política general. El Plan de Estabilización, fruto de la colaboración de un grupo de jóvenes economistas recién salidos de las primeras facultades de Ciencias Económicas que casi engañan a un Franco analfabeto funcional en lo referente a la economía, rompe con el aislacionismo del Régimen y menciona a Europa como objetivo natural de la economía española (en un esquema de economía de mercado con dictadura política). Los Pactos de La Moncloa, de los que este año se cumplen los primeros 30 de su firma, instauran por consenso la política económica de sacrificios compartidos, con el objeto de que no se repita nunca más la nefasta experiencia de la Segunda República: la coincidencia de una crisis económica y un cambio de régimen acaba con el experimento modernizador y esperanzador que supuso aquella. El Programa Económico con el que gobiernan los socialistas a partir de 1983 se aplica después de tirar a la basura el programa electoral de expansión de la demanda (parecido al del primer Mitterrand), a contrapié de lo que se hacía en el resto del mundo, con el que habían ganado las elecciones, conectando con el mejor espíritu reformista y europeísta de los Acuerdos de La Moncloa. Excepto que esta vez la política económica no se aplica por consenso, sino asentada en la mayoría absoluta obtenida de las urnas, y en la autoridad y popularidad de Felipe González. Por último, en la segunda mitad de los años noventa, Aznar y Rato subordinaron el resto de los objetivos económicos a la entrada en el euro. Cuando Zapatero llega a La Moncloa, Europa es la de la Constitución fallida, la ampliación y la de la necesidad de una política energética común, que todavía está en trance de definirse.

¿Qué es lo que ha obtenido España en esta larga marcha? Primero, el sistema político europeo: la democracia. A continuación, su sistema económico: la economía de mercado en el marco de referencia de nuestra época: la globalización. Más allá, su modelo social: el Estado de bienestar, aunque todavía el gasto social per cápita español sea inferior a la media europea. Por último, un grado de convergencia real por el que la renta per cápita española está en la media europea, en parte por el avance hacia el bienestar (crecimiento permanente por encima de los países de nuestro entorno), en parte como efecto estadístico de la ampliación de la UE de 15 a 27 miembros, la mayor parte más pobres que nosotros. En este tiempo hemos pasado también de una moneda, la peseta no convertible (luego convertible), a su desaparición en beneficio del euro, como símbolo de la soberanía compartida. De la miserable autarquía a ser beneficiarios de la globalización. Y lo más significativo desde el punto de vista sociológico: de ser una sociedad que expulsaba a sus hijos hacia el exterior para que pudieran sobrevivir, económica o políticamente, hemos devenido en receptores de millones de inmigrantes de otras partes del planeta que pretenden nuestros grados de bienestar.

¿Significa ello que estamos en el panglosiano mejor de los mundos posibles? Ni mucho menos. Pero en este momento de conmemoración relajemos un poco el nivel de crítica. Las negociaciones para la integración de España en la UE, desde que comenzaron, fueron en buena parte un fin en sí mismo. Europa ha sido para los ciudadanos españoles, como presagió Keynes tras la Segunda Guerra Mundial, “un ansia de seguridad personal y social”.

» Información sobre Joaquín Estefanía, en El País

agosto 20, 2007

Ideas para el siglo XXI (IX)


PROBLEMA: El fracaso de la ayuda exterior

Financiar lo que funciona
Esther Duflo


El problema no es que seamos demasiado generosos o demasiado tacaños: lo que necesitamos es ayudar a los pobres a que se ayuden a sí mismos.

Todo el mundo es bastante cínico a propósito de la ayuda exterior. Los contribuyentes de los países desarrollados se quejan de que el dinero, muchas veces, se gasta en unos aparatos burocráticos desmesurados y acaba en las cuentas en Suiza de dictadores de países subdesarrollados o se malgasta en proyectos bienintencionados pero inútiles. A los pobres les molesta el uso de la ayuda como instrumento para comprar apoyo político, su falta de control sobre ella, las modas a las que está sometida y su carga administrativa.


Para responder a esa situación, algunos críticos sugieren que se deje de ofrecer ayuda. Pero renunciar a la solidaridad humana esencial es moralmente inaceptable y políticamente peligroso. Transmitiría un mensaje muy negativo a los más desfavorecidos del mundo. Otros, por el contrario, dicen que la ayuda exterior debería multiplicarse, hacer un gran esfuerzo para erradicar la pobreza de todo el planeta. Pero, por desgracia, nuestra capacidad de recaudar grandes cantidades de dinero para ayuda y de gastar bien esas sumas no ha sido nunca demasiado brillante.

La solución consiste en reformar la manera de asignar la ayuda exterior. En primer lugar, una parte debería destinarse a facilitar a los Estados la prueba y valoración de los problemas de sus habitantes más pobres. La mayor parte del resto (excluida la ayuda para catástrofes) serviría para subvencionar la ampliación de proyectos que hayan demostrado su eficacia. Aquellos que muestren la voluntad de poner en práctica proyectos incluidos en una lista aprobada tendrían derecho a la ayuda económica y técnica necesaria. Los países que deseen el dinero para testar algo que no esté en esa lista tendrían acceso a la subvención para programas piloto, con la condición de que sus planes de evaluación fueran sensatos y aceptaran una vigilancia estricta de su aplicación. Si esta idea estuviera hoy en vigor, habría ya varios proyectos que cumplirían los requisitos para la ampliación, como el de desparasitar a los niños que viven en las regiones afectadas y el de dar incentivos a los padres para que inmunicen a sus hijos.

Según esta propuesta, la mayor parte del dinero de la ayuda se dedicaría a programas de éxito comprobado y transparente. Sería posible calcular cuántas vidas salva un proyecto concreto, por ejemplo, con lo que se acallaría el escepticismo tanto en los países ricos como en los pobres. Desaparecería la arbitrariedad con la que se escogen los países receptores y los proyectos. La financiación se condicionaría a la puesta en práctica de los mismos, lo cual evitaría el desperdicio. Y esa obligación de responsabilidad y transparencia justificaría el aumento de la ayuda, lo cual contribuiría a la lucha contra la pobreza en el mundo. Gastar el dinero de la ayuda de forma eficaz y racional es posible. Hacer gala de la voluntad política necesaria restablecería una confianza que se está perdiendo a toda velocidad.

Publicado en Foreign Policy - Edición española

Esther Duflo ocupa la cátedra Abdul Latif Jameel de Alivio de la Pobreza y Economía del Desarrollo en el MIT (Massachusetts, EE UU).